lunes, 16 de mayo de 2016

Un viaje del cerebro al pensamiento



Hoy sabemos más acerca del funcionamiento neuronal para comprender
la ingeniería de los procesos mentales, pero también de
cómo el cuerpo, las emociones y la experiencia transforman nuestro
cerebro y nuestra visión del mundo.


LA NEUROBIOLOGÍA DE LA CREATIVIDAD


Vale la pena recorrer algunos de los hitos básicos del conocimiento de la neurociencia para comenzar a familiarizarnos con esta disciplina que sigue creciendo en investigaciones y aplicaciones múltiples: la creatividad, el aprendizaje, el marketing, la economía y otras ciencias humanas.
Hace ya varios años, se desarrolló el estudio de la función de los dos hemisferios cerebrales y su complementariedad. El hemisferio izquierdo, que rige los procesos lógicos, y el hemisferio derecho, fuente del funcionamiento intuitivo. Se estudiaron también las ondas cerebrales alfa, relacionadas con el soñar, el fantasear y el crear, y las ondas beta, ligadas al estado de alerta y la acción.

Hoy sabemos, además, que el cerebro se desarrolla y se mantiene vivo gracias al entrenamiento de la inteligencia, los vínculos y la interrelación con el medio, y que funciona como una red de enlaces múltiples y variados.

Si bien queda mucho por contar y ampliar, a modo de punto de partida el modelo de Pensamiento en Red enfoca su mirada sobre la conectividad entre los dos hemisferios, el entramado entre los diferentes tipos de ondas cerebrales, la conectividad neuronal y la conexión entre las mentes de las personas.

LOS DOS HEMISFERIOS CEREBRALES


“La separación de los cerebros debe terminar;
el soñador y el realizador deben ser el mismo”.
Arnold Keyserling


El neurólogo suizo Roger Wolcott Sperry (1913-1994), premio Nobel de Medicina en 1981, estudió en detalle las funciones y características complementarias de ambos hemisferios cerebrales: el izquierdo, que rige el pensamiento lógico e instrumental, relacionado con el lenguaje; y el derecho, el de las emociones, la intuición, lo relacional y lo visual.
Entre ambos hemisferios se halla un órgano llamado cuerpo calloso, compuesto por unos doscientos millones de fibras nerviosas que conectan entre sí a las dos partes del cerebro. Estas conexiones sirven para integrar  las habilidades del hemisferio izquierdo con las del  derecho.

Imaginen que se encuentran por la calle con alguien que conocieron en una reunión: el hemisferio derecho recuerda su rostro y el izquierdo su nombre. Y, si no estamos demasiado cansados o disociados, lograremos integrar las dos series de datos a través de las fibras que conectan ambos hemisferios.

En los equipos creativos de las agencias de publicidad, se suele trabajar en forma de pareja creativa entre un director de arte, el art director, y un redactor, el copywriter. Entre ambos integran, respectivamente, lo visual y lo verbal, y, más allá de la conectividad de cada uno entre sus dos hemisferios, refuerzan la presencia de las aptitudes que más necesitan.

Estas dos figuras profesionales se complementan en cada proyecto creativo para generar un aviso, una campaña, una estrategia global de comunicación.

Algunos investigadores, además, sostienen que el cerebro de ciertas personas, y en particular el cerebro de las mujeres y los artistas, tienen mayor conectividad entre uno y otro lado, facilitando su capacidad para recoger, integrar y analizar tipos diversos de información.

Desde los comienzos de la vida, el cerebro se desarrolla a partir de la educación y la experiencia. En la cultura occidental, los patrones de educación formal tienden a generar un mayor desarrollo del hemisferio izquierdo, que, al ser dominante, envía órdenes al hemisferio derecho a través del cuerpo calloso. Lo notable es que la mayoría de estas órdenes son inhibitorias. Podríamos decir que el hemisferio izquierdo reprime la imaginación desbordada, frena la sensibilidad excesiva, censura las ideas extravagantes.


UNA RED VIVA


“La experiencia modifica permanentemente las conexiones entre las
neuronas y los cambios son tanto de orden estructural como funcional.
La plasticidad demuestra que la red neuronal permanece abierta
al cambio y a la contingencia, modulable por el acontecimiento y la
experiencia, que siempre pueden modificar el estado anterior”.
François Ansermet y Pierre Magistretti
A cada cual su cerebro

A lo largo de su historia, la neurología nos señaló que lo más noble del cerebro eran las neuronas, tanto por la importancia de su función como por la imposibilidad de regenerarse en caso de que fueran lesionadas.
Esta visión jerárquica del sistema nervioso ha sido cuestionada por nuevas investigaciones que, en confluencia con las actuales teorías de  redes, nos revelan la importancia esencial de las conexiones entre las neuronas.

La información entre neuronas se envía en forma eléctrica y por señales químicas, que se transmiten a través de las fibras nerviosas.
Hoy sabemos que las conexiones pueden perderse, recuperarse, y establecer nuevos circuitos a partir de nuevos links y caminos alternativos, a través del entrenamiento y de la interacción con otras personas.

El psiquiatra y neurocientista Antonio Damasio, titular del Instituto del
Cerebro y la Creatividad de la Universidad de Carolina del Sur, estudia desde hace varios años la integración de los procesos racionales con los emocionales, los cuales no operarían en circuitos diferentes sino en forma complementaria.

En el año 1999, los neurólogos Wolf Singer en Frankfurt y Lago
Fernández en Madrid descubren que las conexiones neuronales funcionan como redes complejas. Es decir, como vimos anteriormente, con conexiones ordenadas y otras aleatorias. En términos del pensamiento, las conexiones ordenadas y secuenciales se corresponderían con el funcionamiento lineal, y el agregado de las conexiones aleatorias daría lugar al Pensamiento en Red.


NUEVAS CONEXIONES


Hoy sabemos que el aprendizaje mantiene joven el cerebro y vivas las  redes neuronales; por lo tanto el procesamiento de la información y las experiencias establecen nuevas conexiones transformando no solo el pensamiento, sino también la propia estructura del cerebro.
Está científicamente demostrado que la complejidad de una red se construye. La incorporación de conocimientos y vivencias incrementa la trama de las conexiones entre neuronas. Es decir que, a mayor ejercicio de la creatividad y a mayor experiencia, más poderosa será nuestra red neuronal.

Experiencia es aquello que incluye cierta configuración de conocimientos previos, puestos a operar en una situación dada, junto con una disposición a improvisar sobre la marcha. Aplicar el manual no deja experiencia en el sentido de nuevas conexiones. En todo caso, solo refuerza lo que ya sabíamos.

En esos casos, paradójicamente, podría suceder que la fijeza y densidad de las conexiones jugara en contra de la movilidad, al limitar la libertad y variedad conectiva. El riesgo es que los conocimientos y la experiencia operen a la manera de prejuicios; de pensamientos lineales con cursos preestablecidos que limitan y anudan el pensar en red.


EL BIG BANG DE LA CONECTIVIDAD


Durante muchos años, los científicos intentaron evaluar cuánta influencia tenemos de nuestros genes y cuánta del ambiente. Hoy la preocupación ya no es medir ni discriminar, sino descubrir cómo interactúan entre sí los factores hereditarios con los ambientales; la genética con los modelos de crianza y educación.

“No se trata de una competencia –comenta el doctor Stanley
Greenspan, psiquiatra de la Universidad George Washington–, sino de una danza. Y si bien la naturaleza es el bailarín dominante de las fases tempranas del desarrollo, la crianza desempeña un papel vital”.
De todos los descubrimientos que han producido los neurocientíficos en los últimos años, los hallazgos respecto de cómo la actividad del cerebro cambia su estructura física son quizá los más impresionantes.

Al nacer, el cerebro de un bebé está formado por 100 mil millones de neuronas, casi la misma cantidad que hay de estrellas en la Vía Láctea.
Poco después del nacimiento, el cerebro, en un Big Bang de exuberancia, produce millones de conexiones entre las neuronas. Poco a poco, irá eliminando aquellas conexiones que no han sido utilizadas.
Este proceso de poda se inicia alrededor de los diez años, y va definiendo la forma del cerebro y los modelos de emociones y pensamiento, únicos para cada persona.
El neurocientífico William Greenough, de la Universidad de Illinois afirma: “Es la sobreproducción de conexiones entre neuronas seguida de su pérdida, lo que define los patrones cerebrales”.

En los últimos años, los investigadores cuentan con evidencias de que la experiencia configura la estructura del cerebro.
Aquellos niños que no juegan lo suficiente o que son tocados rara vez, desarrollan un 25% menos de conexiones por neurona. En otras palabras, la riqueza de experiencias produce riqueza en los cerebros y brinda a las potencialidades latentes la oportunidad de desplegarse.

Las neuronas, por medio de las prolongaciones que emiten, llamadas
axones y dendritas, establecen una cantidad de conexiones entre ellas, las sinapsis, que pueden vincular cuerpos neuronales ubicados a decímetros de distancia.
Así, atraviesan trayectos que en el nivel microscópico equivalen a kilómetros.

Las experiencias y vivencias generan estallidos espontáneos de conectividad, reforzando algunas sinapsis, mientras que las que no son activadas se atrofian.

A los dos años de edad, el cerebro de un niño produce el doble de sinapsis y consume el doble de energía que el cerebro de un adulto normal.

Y aunque estas conexiones continúan formándose durante toda la vida, alcanzan sus más altas densidades –alrededor de 15.000 sinapsis por neurona– hacia los dos años de edad y permanecen en ese nivel hasta los diez u once. En ese momento, la relación entre creación y atrofia de sinapsis se desequilibra.

A partir de allí, y durante los años siguientes, las conexiones más débiles serán destruidas, y solo permanecerán las que han sido reforzadas por la experiencia. Y esto tanto para el aprendizaje y las vivencias positivas como para las experiencias traumáticas.

Al llegar el fin de la adolescencia, el cerebro habrá ganado en poder pero habrá perdido plasticidad, adquiriendo su configuración definitiva.

Nuevas experiencias podrán seguir moldeándolo, pero habrá disminuido la potencialidad ilimitada de su conectividad.


LAS ONDAS CEREBRALES ALFA Y BETA


El estudio de la actividad eléctrica del cerebro desde la superficie del cráneo (electroencefalograma o EEG) ha permitido establecer la existencia de diversos tipos de patrones rítmicos llamados ondas.
Dichos patrones cambian de acuerdo con el tipo de actividad que realiza el cerebro (sueño o vigilia, meditación o lucha, etc.). Mencionaremos las ondas alfa, relacionadas con el soñar y el fantasear, y las ondas beta, ligadas al estado de alerta y la preparación para la acción.

Las ondas beta son ruidosas y rápidas, y suelen tomar el comando del funcionamiento cerebral durante el estado de vigilia. En el nivel del pensamiento, podemos hablar de un modo lineal. Estas ondas, muy activas y veloces, enmascaran e inhiben la aparición de las ondas alfa.

Las ondas alfa, si bien están siempre presentes, son lentas y silenciosas, y solo se registran cuando se acallan las ondas beta: durante el sueño, la relajación, la asociación libre de ideas y los procesos creativos.

Al pensar en red activamos la sintonía entre las ondas alfa y beta, buscando ese estado especial que Jaworski llama “estar a la vez alerta y en trance”.


DE GOLFISTAS, CAZADORES Y EMPRESARIOS


Hace pocos años, se realizó una experiencia con jugadores de golf acerca de la actividad cerebral durante el juego. Se les colocó un casco que tomaba mediciones de sus ondas cerebrales y las registraba en una pantalla. Se comprobó así que el cerebro de los grandes maestros, en el momento de pegar el golpe, operaba con predominio de ondas alfa, un estado de relajación similar al trance. El golpe resultante era preciso y de gran potencia.

Sometidos a la misma prueba, los golfistas principiantes mostraron un predominio de ondas beta, por lo que, contrariamente a lo que podría suponerse, sus golpes salían tensos y contenidos, con menos fuerza y precisión.




Ondas beta
Ondas alfa
Estado de alerta, inquietud, ansiedad
Estado de relajación, tranquilidad, optimismo
Situación normal cuando estamos despiertos y en actividad
Situación normal cuando ejercemos la creatividad
Los sentidos se hallan volcados hacia el exterior
Integración de cuerpo y mente
Alta frecuencia: de 13 a 30 Hertz (vibraciones por segundo)
Menor frecuencia: de 8 a 12 Hertz



Entre los años 1984 y 1994, diferentes investigadores (Hartfield, Hardt,
Gale, Sterman) estudiaron la aparición de las ondas alfa en diversas actividades y también su debilitamiento en determinadas condiciones.

Descubrieron que también en los cazadores y arqueros, las ondas alfa predominaban justo antes del tiro. Además, constataron que el aumento de estas ondas mejora la fluidez en la creación de conceptos e imágenes, y en la resolución de problemas. Las ondas alfa son las que operan en la atención flotante.

Por otra parte, los mismos estudios demostraron que el agotamiento por estrés debilita en forma duradera las ondas alfa y genera un exceso de ansiedad, demasiada conexión con lo externo y poca flexibilidad para resolver problemas.

Aquí podemos inferir que, en estado de alerta permanente, un líder, un gerente o un profesional funcionará a la manera de un golfista novato, rígido y lineal. Por el contrario, un verdadero experto será  capaz de integrar las ondas alfa a su actividad, de modo de no perder el pensamiento conectivo. Porque lo que está en juego no es ni más ni menos que la potencia en su accionar y la precisión en sus objetivos, que, paradójicamente, dependen de su capacidad de abandonar el funcionamiento lineal.

El abogado y conferencista Daniel Pink relata cómo investigaciones de la Universidad de Chicago y del London School of Economics demostraron con evidencia experimental el impacto negativo de los incentivos en el rendimiento de las personas y equipos de trabajo.
Estos estudios descubrieron que, contrariamente a la creencia aceptada, los incentivos materiales entorpecen el razonamiento y bloquean la creatividad, perjudicando los resultados.
Sostiene Pink que estímulos y amenazas, premios y castigos, eran adecuados a las tareas del siglo XX, cuando existía un conjunto simple de reglas y un objetivo claro a lograr. Pero en el siglo XXI, cada vez más hacemos tareas que necesitan de una mente abierta y conectiva.
Y los incentivos estrechan el foco, concentran la atención e impiden ver opciones y alternativas.
Hoy, el trabajo rutinario, basado en reglas, del hemisferio izquierdo, se automatiza, se subcontrata o lo hacen las computadoras más rápido y más barato.
Lo que importa son las habilidades creativas y conceptuales del hemisferio derecho y más aún si están integradas con el izquierdo.
Ya no existen soluciones únicas, hay incertidumbre y complejidad.
Es decir que en la mayor parte de las actividades actuales el modelo que hemos usado tanto para la enseñanza como para los negocios ya no funciona.


Capítulo 13, extraído del libro: "Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos". Dra Sonia Abadi


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