lunes, 16 de mayo de 2016

Un universo de redes



Durante largos períodos de la historia, hemos aceptado que pensadores e investigadores se ocuparan de definir los nuevos paradigmas, dejando a los hombres de acción las decisiones acerca de los hechos. Hoy ya no podemos desconocer la revolución del pensamiento como fuente genuina de nuestro accionar.


EL FIN DE LAS FRONTERAS, EL IMPERIO DE LA RED


Vivimos en un universo de redes que atraviesan fronteras geográficas, políticas y culturales: el arte, los descubrimientos científicos y las tecnologías de la comunicación.  Allí donde había fronteras, hoy se despliega la  red.

El paradigma de fronteras implica no solo la división del mundo en estructuras, clases sociales o países, y su consiguiente riesgo de exclusión y enfrentamientos, sino un modelo mental que fragmenta la realidad como modo de conocimiento, que ignora que es imposible comprender las cosas sin comprender la relación entre ellas. En el nivel del pensamiento, el paradigma de fronteras se llama reduccionismo.

El nuevo paradigma de redes considera la realidad como un sistema abierto, integra lo diferente, favorece la circulación de ideas, es expansivo e innovador y abierto al cambio y a la transformación.

Pero no podemos dejar de considerar que las redes, por su gran velocidad de dispersión, son también el campo propicio para la depredación y la propagación acelerada de la destrucción. En su aspecto mortífero, la red puede ser desintegración y degradación.

También en el conocimiento estamos asistiendo al surgimiento de este nuevo paradigma de las redes, verdadera revolución epistemológica que aparece en los años recientes.

La física cuántica, las matemáticas, la biología molecular, la sociología y la psicología comienzan a establecer nexos y correlaciones entre todo lo vivo, la energía y la materia, el orden y el caos, el azar y el determinismo. El paradigma de las redes alcanza tanto a las llamadas ciencias humanas como a las ciencias “duras”, tales como la física y las matemáticas. Y este nuevo paradigma trae nuevos desafíos, nuevos riesgos y nuevas oportunidades.


NAVEGAR EL CAOS


“He aprendido que cuando uno está en el centro de las cosas, el caos hasta resulta ser bueno. Es solo en los extremos que el caos hace perder la concentración y disipa la energía.
En realidad, el caos puede ser la única respuesta cuando uno está interesado en saber lo que pasa “ahora mismo”. Es como un caleidoscopio que contiene información revolviéndose y girando, cayendo en forma de patrones que tienen sentido”.
Derrick de Kerckhove
Inteligencias en conexión


El azar, lo aleatorio, las nuevas teorías del caos, el principio de incertidumbre, el reconocimiento de los efectos del observador sobre su objeto de estudio dan cuenta de un modelo en el que el positivismo, el  reduccionismo y el determinismo han perdido terreno.
Ya no podemos pensarnos como seres puramente racionales, capaces de observar objetivamente la realidad, ni explicar el mundo de acuerdo con leyes absolutas e inmutables.

Hoy se habla de dinámica de redes, estructuras disipativas, sistemas autoorganizados, causalidad no lineal, teorías de la complejidad, como modelos para pensar la interdependencia del individuo con su entorno, y de todos los sistemas vivos entre sí.

Una corriente que atraviesa variados campos del conocimiento aparece como alternativa a las restricciones históricas del pensamiento, accediendo al paradigma de redes como una integración de lo diverso y sus transformaciones.

Y si bien el exceso, la incertidumbre y lo enmarañado nos resultan inquietantes, cualquier intento de fragmentar lo intrincado llevaría a la mutilación y el empobrecimiento. A su vez, pretender unificar lo diverso en estructuras  regidas por el orden y las jerarquías nos encamina a la construcción de un sistema cerrado e inerte.

Si insistimos en pensar linealmente, podríamos encontrarnos como aquel soldado aislado en la selva años después de una guerra que ya terminó, luchando una batalla solitaria que ha perdido todo sentido.

Hoy las personas y las organizaciones que persisten en estructuras lineales están destinadas al aislamiento y al envejecimiento prematuro, incluso si están tan focalizadas en sus objetivos que aún no lo pueden percibir.

Con cada vez menores certezas, los modelos de pensamiento tradicionales resultan inadecuados para decodificar las nuevas realidades.

Hoy algunos expertos en organizaciones nos alertan contra el analfabetismo científico y cultural de aquellos que tienen la responsabilidad de coordinar proyectos sociales y económicos, ya que nadie puede quedar fuera de los saberes emergentes que están transformando nuestro modo de vivir y trabajar.


LA CIENCIA DE LAS REDES


“Los científicos de la complejidad y los investigadores
y facilitadores sociales que piensan en términos de
 la metáfora de las redes nos convidan a internarnos en los
laberintos multidimensionales del conocimiento, la acción y la
emoción de un sujeto complejo, compartiendo un imaginario con
nuestros semejantes y un mundo diverso con todas las
criaturas, donde nuestro propio crecimiento y evolución
están ligados a los de los demás en una red
multiforme de interacciones dinámicas”.
Helen Fisher
El primer sexo


El término “red” y la expresión “en red” se utilizan actualmente en diversos campos, desde la tecnología hasta los proyectos comunitarios.
Pero no basta con hablar de redes; es necesario comprender cómo funcionan y qué reglas las rigen.

La ciencia de redes complejas combina ideas y resultados de las matemáticas, la física, la informática, la sociología y la economía.
Estudia la estructura y la dinámica de las redes, y los fenómenos característicos del Efecto Red: contagio, propagación, navegación, influencia, coordinación.

Y actualmente se aplica a  la epidemiología, el estudio de grupos y sociedades, las campañas de marketing, las estrategias económicas, la ecología, la biología, y también las neurociencias.

Como viene demostrando la ciencia de las redes, tanto las epidemias como las actividades marginales responden a leyes muy precisas de difusión, densidad y expansión. La propagación de las enfermedades y las redes del tráfico y el delito son por eso las más difíciles de desarticular desde las estructuras institucionales verticales.

Esto es lo que le sucedió a Bill Gates con su campaña para erradicar la poliomielitis en Africa. Luego de donar 700 millones de dólares a la Organización Mundial de la Salud, ésta le informó que la enfermedad continuaba expandiéndose. A partir de allí la OMS, UNiCEF y los Centros de Control de Prevención de Enfermedades de EEUU tuvieron que diseñar una nueva estrategia que definieron como “horizontal”. Cuentan que Gates se sorprendió del fracaso ya que habían replicado la campaña antivariólica, de estructura lineal, exitosa 30 años atrás y al comienzo los avances fueron impactantes. Lo sorprendente es que al poco tiempo se frenaron.

Hoy las epidemias se propagan de manera diferente que 30 años atrás, y ese modelo ha quedado obsoleto.
El problema es que, buscando el prestigio o el rédito, los grandes donantes siempre prefirieron estrategias y objetivos lineales, “verticales”, que daban resultados rápidamente visibles y mensurables estadísticamente. Sin duda es gratificante ver el éxito en el corto plazo, aunque a veces implique desentenderse de los verdaderos resultados, que sólo se pueden ver con el tiempo y en ámbitos diversos.
Por el contrario, en la estrategia "horizontal", no es tan fácil medir y exhibir los resultados, ya que son expansivos, a largo plazo y no “lucen” rápidamente en las estadísticas.

En el escenario hiperconectado en que vivimos, tendremos que aceptar que ya no se puede operar en forma fragmentaria. Hay que hacerlo con una visión integral: mente-cuerpo-vínculos-contexto- cultura.
No hay campaña de salud exitosa sin resolver temas como el agua potable, los hábitos de higiene, la nutrición, la salud.
Lo inquietante es la fuerza que conservan los paradigmas lineales, incluso en la mente de un creativo, pionero, hombre de redes. Si esto es así para Bill Gates, ¿cómo no entender las feroces resistencias de las estructuras lineales, verticales y jerárquicas, en la escuela, la universidad y las empresas?

Laszlo Barabasi, el físico de las redes, estudia estructuras de sistemas complejos, especies en un ecosistema, personas en una sociedad, sitios de Internet. Y afirma en su libro Linked, the New
Science of Networks, que el descubrimiento de que tanto los sistemas vivos como las personas en una sociedad funcionan como redes complejas que incluyen el orden y lo aleatorio, no es una revolución sino una revelación. En otras palabras, esto siempre fue así, solo que aún no lo sabíamos.

Esta ciencia estudia tanto el comportamiento de las redes artificiales como el de las redes vivas.
Las redes artificiales están configuradas por nodos unidos intencionalmente y programadas de modos preestablecidos con fines predeterminados. Una red vial, una asociación de profesionales, una red tecnológica, el organigrama de una organización, son redes artificiales.
Pero cuando en una red artificial participan personas la transforman en una red compleja. Allí entran a jugar la subjetividad, las pautas socioculturales y el azar.

Todos los sistemas vivos se comportan como redes complejas: las neuronas en el cerebro, las ideas en la mente, los vínculos entre las personas, las relaciones en las organizaciones, las conexiones en las comunidades.
Estas redes complejas están configuradas por múltiples nodos unidos entre sí por lazos fuertes, ordenados y predecibles y otros lazos débiles, informales y azarosos. Además existen nodos llamados hubs que concentran y distribuyen las mayores densidades de lazos o conexiones.

Este conocimiento reciente e innovador se instrumenta en múltiples áreas. Pero lo más revelador es que se puede aplicar al estudio de los procesos de pensamiento y nos brinda elementos para comprender el funcionamiento creativo individual y grupal, y reconocer sus bloqueos y limitaciones.

El sociólogo Duncan Watts y el matemático Steven Strogatz (Universidad de Cornell, 1998) descubrieron que las conexiones azarosas reducirían exponencialmente el número de pasos para llegar de un punto a otro cualquiera de una red. Es decir que, cuando se agrega un link aleatorio a una red ordenada, se acortan las distancias entre todos sus nodos, aumentando la conectividad de toda la red. Esto dio lugar a lo que denominaron el fenómeno de los mundos pequeños. Y lo más sorprendente es el corolario de esta ley: cuanto mayor es mi   red, menos son los lazos aleatorios que necesito para  potenciar mi conectividad.

En una red viva los lazos fuertes generan orden, coordinación de esfuerzos, consistencia y confianza. Por su parte los lazos débiles activan mayor densidad, dinamismo, diversidad y expansión.

En un individuo, un grupo o una comunidad se hace esencial integrar ambos tipos de lazos. Los lazos fuertes expresan identidad, pertenencia, experiencia y tradición. Los lazos débiles representan diversidad, apertura, audacia, innovación.

Llevado al funcionamiento mental, podríamos decir que una mente curiosa y preparada, con amplitud de intereses, necesitará de apenas unas pocas operaciones mentales para generar resultados originales.

Y en un grupo de trabajo, las afinidades informales entre las personas, servirían de atajo para agilizar la circulación tanto de la información como de la innovación.

El sociólogo Mark Grannovetter estudió, algunos años antes, la función esencial que cumplen los lazos habitualmente considerados débiles en la conectividad total de una red. Los lazos débiles son aquellos que conectan puntos que tienen “poco que ver” entre sí, los que tienen vínculos distantes, indirectos o aparentemente poco significativos.

En la vida de relación los lazos fuertes son los que nos unen a personas muy cercanas, como nuestra familia y nuestros amigos más próximos. Lazos débiles son aquellos circunstanciales que generamos en un viaje, un curso, un encuentro casual. Este autor destacó la importancia de estos lazos débiles en nuestra vida social y laboral. Claro que los lazos sociales débiles carecen de valor cuando no están acompañados de otros lazos fuertes: afectos, amistades, vínculos estrechos. De nuevo, los lazos fuertes le dan consistencia a nuestra red y los débiles expansión.

Entre las variadas experiencias que se han realizado con redes complejas, un ejemplo de la importancia de los lazos débiles en la vida cotidiana es el funcionamiento de estos en la búsqueda laboral.

Grannovetter muestra cómo para conseguir un nuevo empleo es mucho más eficaz recurrir a los lazos débiles que configuran nuestras redes personales, ya que los lazos fuertes comparten entre ellos tantos conocidos y espacios, que forman los llamados clusters o racimos. Si bien los clusters dan consistencia a nuestros círculos de intereses comunes, no nos aportan demasiadas oportunidades novedosas.

En el funcionamiento mental, los sistemas de ideas altamente consistentes también operan como clusters, consolidando excesivamente los lazos fuertes e impidiendo la apertura tanto hacia las nuevas ideas como hacia las nuevas relaciones.
Cuando le preguntaron a Neil de Grasse Tyson, el astrofísico más prestigioso del momento, respecto del antagonismo entre ciencia y religión respondió: “La cuestión no es religión versus ciencia, sino ideas versus dogmas de cualquier tipo, sean religiosos o políticos”.

Por otra parte, se descubrió que el cerebro humano también responde a una dinámica de redes complejas, con neuronas conectadas por lazos fuertes y predecibles que siguen una secuencia lógica, y otros débiles y azarosos, que funcionarían como atajos. Los lazos fuertes dan lugar al Pensamiento Lineal y los débiles al Pensamiento Intuitivo.
En el esquema psicoanalítico de la mente, el entramado de estos dos modos daría lugar a la intuición, el sentido del humor y la creatividad.

Barabasi también desarrolla el concepto de redes scale free, que son aquellas en las que determinados nodos centralizan una gran cantidad de conexiones. Son los llamados hubs, los nodos más atractivos, en torno a los cuales se agrupan los demás nodos. En los grupos y redes sociales, por ejemplo, los líderes funcionan como hubs, atrayendo hacia sí innumerables conexiones por su capacidad, prestigio o carisma.

En su libro The Tipping Point (La Clave del Éxito), Malcolm Gladwell, que escribe sobre ciencia para el New Yorker, describe tres tipos de hubs en las comunidades: los vendedores natos, carismáticos y convincentes, que contagian entusiasmo; los conectores, que conectan a las personas de diferentes mundos; los mavens o enterados, que comparten información y conocimientos.

Así como las personas lineales tienden a acaparar la información valiosa o atesorar sus contactos influyentes, estos agentes multiplicadores,  facilitan la interconectividad entre los otros miembros de la red.

Por eso, las personas más aptas para generar conectividad son aquellas que desarrollan diversos talentos, intereses y experiencias en variados ámbitos. Ellos crean redes más vitales, expansivas y potentes proponiéndose como hubs, aportando conocimientos, ideas y conexiones.

Gladwell también define tres factores esenciales para la propagación de un producto, un proyecto, un sistema de valores: una idea potente en su esencia pero sencilla en su expresión, un contexto preparado para recibirla y la presencia de los agentes propagadores. Convincentes, “celestinos” y enterados serían así los “polinizadores” de las redes sociales en la web y las comunidades.




CREAR REDES


“Cada vez estoy más convencido de una inteligencia
colectiva, de la cual quien firma no es sino el más osado,
o quien está más cerca de convertir su deseo en letra”.
Alejandro Piscitelli
Ciberculturas 2.0


El reconocimiento de que las redes tienen dinámicas propias de funcionamiento nos lleva a comprender que donde veíamos apenas una maraña desordenada, parece haber un orden diferente, que no responde a las leyes convencionales que conocíamos.

Hoy sabemos cómo funcionan las redes, pero también sabemos más sobre cómo crear nuevas redes y potenciar su conectividad.

A su vez, desde los educadores hasta los empresarios, reclaman a gritos un cambio de mentalidad, para poder transitar y comprender la realidad que nos está tocando vivir.

El Pensamiento en Red es un recurso que pone en valor una capacidad innata que se suele perder con la educación formal: nuestra habilidad natural para desenvolvernos en los sistemas de redes. En la jerga de Internet, de navegar las redes. Esa capacidad es la que buscamos recuperar, reconocer, legitimar y usar a voluntad.

Daniel Goleman, el creador del concepto de inteligencia emocional, en su libro Inteligencia social, se refiere a la capacidad de crear redes sociales, una de las habilidades que definen al Pensamiento en Red.

Desde el estudio de la evolución de los medios de comunicación y sus efectos en la civilización, Derrick de Kerckhove, investigador de la comunicación y la conectividad interpersonal, heredero intelectual de Marshall McLuhan y director del Programa McLuhan de Cultura y Tecnología de la Universidad de Toronto, aporta el concepto de inteligencias en conexión.



Así las personas que tienen mayor conectividad entre sus ideas conectan mejor con las ideas de los otros.

Por otra parte es la creación de una nueva red lo que permite la propagación acelerada y expansiva de la innovación. En la jerga de las redes, el Efecto Red.

En su libro El management del futuro, Peter Drucker reflexiona acerca del invento de la máquina de vapor, recordándonos que en las primeras décadas solo fue utilizada en los barcos, sin aportar grandes cambios socioeconómicos. Recién cuando se inventó el ferrocarril, se produjo la verdadera revolución industrial.

Si lo pensamos desde las redes, podemos inferir que esto se debe a que los descubrimientos y las invenciones no generan verdaderos cambios hasta que crean nuevas redes: los barcos solo recorrían una red preexistente, los ferrocarriles trazaron redes donde no existían.

Y lo mismo sucedió con la informática. La revolución llegó cuatro décadas después de la invención de las primeras computadoras, con la
World Wide Web, una nueva red.



Capítulo 5, extraído del libro: "Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos". Dra Sonia Abadi

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