lunes, 16 de mayo de 2016

Percibir en red


Percibir en red es entrar en sintonía con el mundo, y con la
inteligencia y creatividad de los otros.
Mentes abiertas con valencias disponibles para establecer enlaces
con el entorno y las oportunidades.


COMO JUAN POR SU CASA


Cuando nos movemos en forma lineal, percibimos las cosas y a los otros como obstáculos que hay que sortear, amenazas de las cuales defendernos o trámites de los que nos queremos librar cuanto antes. La realidad se nos viene encima.

Disponerse a percibir en red es dejar en suspenso, quizá solo por un rato, la lista de urgencias y prioridades, y otorgarles a todos los elementos de nuestro entorno un igual valor.

Para eso se requiere una disposición especial de la mente y el cuerpo para detectar de una manera integradora lo que llega de afuera.

Cuando lo logramos, la ansiedad y la desesperación por saberlo y resolverlo todo se calman. Comenzamos a estar realmente conectados con el fluir de las redes, navegamos con libertad y audacia, orientados no solo por nuestra capacidad de observación sino también por otras formas de conocimiento, como la intuición y la empatía. Eso sí, reconocidas, entrenadas, capaces de guiarnos hacia la esencia de las personas, las ideas y las cosas, pasando por encima de las apariencias o el disfraz. Ya no solo disponemos de una “brújula” como instrumento lineal que nos señala el norte, sino también de un “GPS” que permite encontrar el recorrido más conveniente y con menor riesgo de error.

Cuando somos capaces de percibir en red, comenzamos a andar por el mundo como Juan por su casa, pertenecemos al universo y el universo nos pertenece. Nos liberamos del peso de las estructuras formales, ya que somos capaces de recrear las condiciones para generar ideas en cualquier lugar y momento. Un lugar de paso, un aeropuerto, una sala de espera, la mesa de un bar son suficientes para instalar un taller improvisado en donde dedicarse a crear. En esos momentos descubrimos que la mayor parte de lo que necesitamos lo llevamos “puesto”, y que lo que nos pueda hacer falta estará disponible a nuestro alrededor.


EL PENSAMIENTO EN RED HACIA LOS OTROS
Y EL MUNDO


“Una idea puede regresar a la mente muy cambiada por el solo
hecho de haber salido a dar una vuelta por su resto de universo.
Imaginemos, además, por un momento, que en ese resto de universo
habita como mínimo otra mente”.
Jorge Wagensberg
A más cómo, menos por qué


Cuando privilegiamos algunos datos respecto de otros, cuando consideramos a priori que algunas personas saben más que otras, o creemos que algunas ideas son más importantes que otras, limitamos nuestra capacidad de comprensión.

Percibir en red significa dejar en suspenso las jerarquías, las categorías y el juicio, otorgando a todo el mismo valor, hasta detectar lo esencial. Y no se trata de pasar de superficial a profundo, sino que el funcionamiento mental adquiere un espesor particular y una trama más colorida.

Así, cuando pasamos de un funcionamiento lineal a un funcionamiento en red, se seleccionan naturalmente vías originales para la visión de la realidad. Percibir en red es percibir no solo las cosas o los hechos, sino las múltiples relaciones entre ellos, un sistema abierto de conectividad ilimitada, que no presenta un centro organizador ni nodos más significativos que otros.

Cuando percibimos en red, nos instalamos en una actitud de hospitalidad mental respecto de todos los estímulos que nos rodean, a los que recibimos con curiosidad. Dejamos la desconfianza en suspenso, dispuestos a considerar sin preconceptos todos los elementos de los que disponemos.


LAS MENTES EN RED


“Cada vez me convenzo más de que existe un plano de conciencia
que compartimos todos, y que el cerebro es una máquina limitadora
que recorta este plano. Existe la posibilidad de salir de estos límites,
y participar en aquel plano de conciencia”.
Joseph Campbell


El concepto de Pensamiento en Red, a la vez que integra el pensamiento lineal con el funcionamiento intuitivo, propone un pensar que no es individual ni colectivo sino conectivo, que se despliega en el espacio intermedio entre una persona y otra. Un sistema de combinatorias infinitas en el que la comunicación fluye entre el adentro y el afuera.

Cuando hablo por primera vez de este tema en un grupo, varios de los participantes reconocen que en determinadas condiciones suelen tener ese tipo de experiencia. Les hace gracia y comentan: “Nunca se me había ocurrido que esto pudiera ser investigado y entrenado, pero es exactamente lo que me pasa cuando…”. Y allí los ejemplos pueden ser: “... juego un partido de fútbol durante el cual el equipo está sintonizado de un modo casi mágico”, “... comienzo un proyecto y se multiplican las casualidades que me aportan todos los recursos que necesito”. Alguno más poético evoca: “Es como navegar a vela en esos días en que el viento parece estar siempre a favor”, o “Es parecido a lo que se siente al remontar un barrilete, cuando la tensión del hilo te hace sentir que estás conectado con algo más allá que te sostiene”.

Otros declaran como una revelación: “Es exactamente así como funciono yo en casi todo, y siempre trabajé así. Parece que soy un especialista en pensar en red”.

Y estas personas casi siempre resultan ser líderes naturales, investigadores inspirados, artistas talentosos. O tienen el potencial para llegar a serlo.

En las organizaciones, los buenos líderes, al igual que los artistas, suelen tener activo el Pensamiento en Red. De todos modos, necesitan que su gente también piense en conectivamente, para fortalecer y sinergizar su gestión. Además, deben saber detectar la red por fuera de la organización para integrarla a sus recursos.

El Pensamiento en Red opera en la mente del individuo, de allí se extiende al equipo de trabajo, conectando la propia creatividad con la de los demás. Rápidamente se difunde a la organización, que se vuelve más innovadora y permeable al intercambio con el entorno: clientes, proveedores, competidores, tendencias sociales y económicas.

Así se sincronizan los recursos propios y prestados, generando la colaboración creativa y la restauración de las redes organizacionales y sociales.

En los tiempos que corren, funcionar en red ya no es solo una buena opción para la expansión de nuestra mente; se ha transformado en una necesidad de supervivencia, ya que es la forma de comprender el presente y ser parte del futuro.

La conexión de las mentes integra la complejidad, la multiplicidad y la virtualidad, dejando también lugar para el azar, el encuentro inesperado, las sintonías imprevistas.


PERCIBIR Y PENSAR EN RED


“Al reconocer la legitimidad de cada una de las descripciones
(lineal y no lineal, continua y discontinua, analítica y sintética, mecanicista
y compleja, atomista o en red), aumentamos nuestras alternativas
de interacción con el mundo, ya que ninguna puede agotar
todas las posibilidades. Al tomar los pares de opuestos y
ponerlos en movimiento, aparecen nuevos planos de la
realidad para explorar y enriquecernos”.
Helen Fisher
El primer sexo


Cuando trabajamos en red, podemos reconocer lo único y complejo de cada situación y prepararnos para encararla de modo original. Reconocemos lazos entre lo parecido y lo diferente, lo cercano y lo distante, y los hacemos jugar respetando su potencial de cambio y transformación.

Lo inédito surge de este modo de funcionamiento, que si bien puede aparentar ser irracional o anárquico, está regido por leyes que permiten una gran variedad de combinaciones y alternativas.

En la colaboración creativa, se generan alianzas entre diferentes tipos de personas que las mantienen unidas y, a la vez, diferenciadas en su originalidad y permiten su interacción de un modo dinámico y funcional.



UNA VISIÓN EN RED


“La característica del innovador es la habilidad para
vislumbrar como sistema lo que para otros es un conjunto
de elementos separados y sin ninguna relación”.
Peter Drucker
Managing for Results


Finalmente, la visión en red genera cooperación creativa, innovación, comunicación y confianza, dando lugar a un management inspirado e inspirador.

“Hacía varios días –me cuenta un gerente– que estábamos tratando de encontrar la solución a un problema relacionado con la producción.
Llevábamos innumerables reuniones, y perdí la cuenta de la cantidad de mails que nos enviamos entre gerencias. Una mañana, me levanté de mi escritorio y me dediqué a recorrer las distintas oficinas sin la intención de resolver nada en particular, conversando con la gente de los temas que surgían espontáneamente. Para mi sorpresa, luego del recorrido, no solo pudimos solucionar el problema que nos preocupaba, sino que detectamos y resolvimos otras cuestiones que se hallaban sin solución desde hacía tiempo”.

El gerente se movió activando la conectividad informal y espontánea.
A esto lo llamamos tejer la red, algo así como instalar el cableado por donde circulará la comunicación. A partir de allí, los variados contenidos fluirán sin obstáculos.

Además, el hecho de no focalizar la búsqueda permite encontrar más que lo que se estaba buscando: esa solución y otras inesperadas.

Y cuanto más abrimos la red, multiplicando la conectividad en todas las direcciones, solemos encontrar más cantidad de respuestas, cada vez más alejadas del foco de nuestra búsqueda. A veces hasta adelantamos recursos y encontramos soluciones a dificultades que aún no tuvimos tiempo de percibir.

En cambio, cuando buscamos linealmente no solo nos perdemos alternativas potenciales, sino que ni siquiera nos aseguramos de encontrar lo que buscábamos.
Al Percibir en Red registramos tendencias, nos inspiramos y desarrollamos una visión estratégica. Se integran la orientación a objetivos con el registro de oportunidades.

Ir en pos de un objetivo es semejante a salir de pesca con un arpón. Por el contrario, cuando desplegamos la red, lo buscado caerá naturalmente en ella. Si nos encontramos con alguien que nos interesa para proponerle un proyecto, nos apuramos a entregarle nuestra tarjeta con la expectativa de que nos contacte. De ese modo actuamos en forma lineal, y convocamos al otro a actuar linealmente. El interlocutor se limitará a colocarnos en una lista de espera, de acuerdo a sus prioridades de ese momento.

Si, en vez de entregarle un trozo de cartulina que irá a parar a una pila de elementos idénticos, generamos en él un campo de interés intercambiando ideas y buscando afinidades personales, nos tendrá flotando en su red durante los próximos días. Solo habrá que esperar que en el momento y lugar adecuados, alguna asociación de ideas le recuerde nuestra conversación. Y no cabe duda de que se las ingeniará para encontrarnos.

Pero además, el hecho de que nos descubra otorga un valor agregado a la relación, aportando el elemento de magia que siempre acompaña el momento en que se produce un hallazgo.


INSPIRADORES E INSPIRADOS


En las primeras reuniones de los Talleres de Pensamiento en Red, los participantes comienzan a tomar nota de lo que les cuento. Recuerdo que en el tercer encuentro un ingeniero comentó entre sorprendido y preocupado: “No sé si es bueno o malo lo que me pasa. Intentaba tomar apuntes, pero ya no anoto lo que escucho, sino lo que a mí se me va ocurriendo a partir de tus palabras”. Al activar su percepción en red, se encontró dialogando con mis ideas, que le sirvieron de fuente de inspiración.

Además, cuando estamos en red, los áridos e irritantes momentos de espera, en la antesala del dentista, en un café esperando al impuntual de siempre, pueden ser utilizados a favor de nuestras redes informales y nuestra creatividad. Ya no rumiamos obsesivamente el mal humor, sino que recibimos ese tiempo extra como un regalo, para instalarnos por un rato en nuestro espacio creativo. Aprovechamos el tiempo para imaginar e inventar, y el tiempo muerto se transforma en tiempo vital.

Y si a eso se agrega que en los lugares públicos nuestra percepción también recorre las innumerables fuentes de inspiración que nos ofrecen un sonido, un retazo de conversación, la tapa de una revista espiada al pasar, nos daremos cuenta de que estamos en un gran taller, en el centro mismo de nuestro mundo creativo.

Pedro, un creativo publicitario, se instala a trabajar en el lobby de los grandes hoteles. Dice que de este modo las ideas que se le ocurren están en sintonía con las tendencias que va captando de la gente que pasa. Conozco por experiencia esas situaciones donde uno se ubica en espacios de transición, lugares de paso, y estos crean el campo propicio para conectar entre sí los propios pensamientos, y a estos con las corrientes que circulan en el ambiente. Estar en red facilita que esas dos fuentes se fusionen en un hallazgo inesperado.

Los diseñadores de moda han incorporado la estrategia de recorrer diferentes ámbitos donde la gente se encuentra, intentando captar pequeños detalles originales con los que después, en conjunto, inventarán los nuevos modelos. Además los equipos de trabajo hacen sus reuniones fuera de las oficinas, en lugares públicos.

Pero para estar en red no es suficiente con recorrer lugares o reunirse en espacios extravagantes, ya que en esos casos lo que habitualmente sentimos es que los otros, los ruidos y las interrupciones nos desconcentran de nuestra tarea. Intentar trabajar creativamente en espacios de transición puede ser una tortura llena de obstáculos si no logramos el estado mental que hace falta para que esa experiencia sea productiva.


 Capítulo 2, extraído del libro: "Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos". Dra Sonia Abadi

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