lunes, 16 de mayo de 2016

Los nudos en la red

Los nudos en la red están configurados por enlaces fijos
que obligan a la mente a seguir derroteros preestablecidos,
limitando la libertad del pensamiento.


DETECTANDO LOS NUDOS


La exploración mental o perceptual tropieza, cada tanto, con detenciones y hasta destrucciones en el fluir de las ideas. Se trata de dos maneras en que la red se inutiliza: los nudos y los cortes.

A veces, los obstáculos se reflejan en el cuerpo, como el típico “nudo en el estómago”, tensión en la zona cervical o lumbar y hasta espasmo coronario.

Los nudos en la red pueden aparecer como ideas o grupos de ideas que quedan conectadas inexorablemente entre sí, produciendo una soldadura inamovible, inhabilitándolas para establecer nuevas conexiones. Se trata de pensamientos que obligan a razonar de manera predeterminada, y que limitan y empobrecen la libertad de pensar.

Son fijaciones, que en parte provienen de nuestros modelos de crianza y educación, y en parte de los valores de nuestra organización y aun de nuestra civilización. Consignas que quizá fueron necesarias en un momento determinado, y que han sufrido una cristalización.


ENREDADOS

Las experiencias excepcionales, cuando van acompañadas de una fuerte carga emocional, tienden a quedar grabadas, y de allí en más se desarrollarán como clichés. Se instala un estilo semejante al reflejo condicionado, el cual ante cada estímulo, reacciona siempre de determinada manera.

A veces, los nudos terminan teniendo el efecto de predicciones, algo así como una fatalidad que nos dice que las cosas solo podrán suceder de una manera. De este modo, no solo operan como prejuicios sino también como profecías y hasta condenas.

El nudo es una certeza, a veces una maldición inevitable, y no una posibilidad a la que hay que estar atento. Lo dramático es que las nuevas experiencias no modifican los nudos. A lo sumo, el individuo pensará: “Esta es la excepción que confirma la regla”. Pero al día siguiente volverá a sentir la inexorabilidad de la certeza.

Más aún, cada nueva experiencia refuerza y engrosa los mismos nudos en una escalada maligna que termina estrangulando la red.

Un nudo va a atraer hacia sí todo lo igual o parecido, para irse reforzando cada vez más, y va a desatender los indicadores de lo nuevo. Los nudos en la red son los que impiden aprender de la experiencia, son el lugar de la profecía autocumplida.


LAS PROHIBICIONES O LA ESCLEROSIS DE LA RED


En los nudos se instala tanto lo que nos parece idealmente inalcanzable como lo que consideramos censurable. Los anudamientos en la red tienen su origen en diferentes asociaciones de ideas, facilitadas por interdicciones familiares o culturales. Entre las más habituales, podemos ubicar la de la edad. ¿Cuántas veces hemos escuchado: “Todavía es muy joven” o “Esto ya no es para mí”?

También existen prohibiciones de orden social: “Alguien como yo no puede darse estos lujos”. O “Esto es cosa de hombres”, o “Una mujer no debe…”.

Estos anudamientos suelen reactivarse ante desafíos concretos. Ante la propuesta de realizar una nueva actividad, se suelen argumentar limitaciones de dinero, obligaciones familiares y laborales…, y siempre falta de tiempo.

¿Por qué hablamos de esclerosis de la red? “Esclerosis” quiere decir
endurecimiento, pérdida de la flexibilidad. Estamos acostumbrados a oír este término en la enfermedad del sistema circulatorio llamada arteriosclerosis, que quiere decir, justamente, endurecimiento de las arterias.

Lo curioso es que este mecanismo fisiológico tiene un notable parecido con la enfermedad de la red. Imaginen a las arterias como una gran red que hace circular la sangre por todo el cuerpo y, por otra parte, el tan nombrado colesterol, una sustancia que se deposita en la pared interna de las arterias en forma de pequeños cristales, y que tiene la característica de los cristales: filosas aristas. A su vez, la sangre contiene gran cantidad de glóbulos rojos que transportan el oxígeno a todo el organismo y son como pequeños globitos con una fina membrana.

Cuando la sangre pasa por encima de las placas de colesterol, los glóbulos rojos se lastiman con los filosos cristales y su fina piel, ya vacía, se irá depositando sobre las placas, colaborando en rigidizar las arterias, estrechando su luz.

Algo muy semejante sucede con los nudos en la red. Estos irán atrapando y sedimentando sobre ellos las nuevas experiencias, en vez de facilitar la circulación de las ideas. Esto produce una rigidez de la  red, que comienza a estrechar su trama.

A la larga, estaremos cada vez más convencidos de lo que ya suponíamos, y esa convicción vuelve a atraer hacia sí todas las experiencias afines. Y si no lo son, la mente esclerosada decidirá de todos modos: es siempre lo mismo, o nunca podrá ser diferente. Y el oxígeno, representado por la energía creativa y renovadora, ya no llega a difundirse por la red.


LOS PREJUICIOS Y LOS MANDATOS


Los preconceptos acerca de uno mismo o de los demás condicionan al pensamiento a recorridos lineales.

Se trata de preceptos que se exteriorizan con expresiones como “Esto no le va a gustar a mi jefe”, o “Mi socio seguramente no estará de acuerdo con mi decisión”, aun cuando en ambos casos los supuestos interlocutores ni se enteraron de las ideas en juego.

También tenemos prejuicios acerca de determinadas personas o grupos humanos. O hacia ciertas debilidades o defectos de los demás. Muchas  veces se nos dice, con razón, que eso que tanto nos irrita en el otro está reflejando una dificultad nuestra.

Sin embargo, cuando tratamos de comprobar esa teoría la evidencia se nos escapa. Si nos perturba que alguien lúcido e inteligente se haga adicto al alcohol, decimos: “No puedo entender que esa persona necesite aferrarse a una botella para vivir, y así sabotear su carrera”. ¿Cómo podría tratarse de un problema nuestro, si jamás tomamos alcohol? Lo que nos cuesta entender es que estamos tan aferrados a una idea lineal como el alcohólico a su botella, y que también nos hacemos adictos a nuestro prejuicio, que nos limita y limita nuestra comprensión del mundo.

Otras veces, el parecido es tan obvio que todos lo ven, salvo el protagonista: “No soporto a la gente intolerante”.

El prejuicio es una idea o sistema de ideas que nos sirven para sentirnos seguros. Tenemos miedo de encontrarnos con lo diferente. Y la dependencia respecto de esa idea es también como una droga que intoxica nuestra comprensión.

Los mandatos son elecciones de vida que se transforman en posiciones rígidas: “Si soy ingeniero, no me puedo dedicar a la música”. Están relacionados con un conflicto entre la necesidad del ser y el deber ser, en un espacio en el que no queda lugar para las propias potencialidades.

Ya lo decía el escritor italiano Curzio Malaparte en su fatalmente fascinante libro La piel: “Una dictadura es un régimen de vida en el que todo lo que no está prohibido es obligatorio”.


LA CALIFICACIÓN PREMATURA


La crítica es solo una función del pensamiento y debiera activarse luego de haber desarrollado una idea o un proyecto, para poner a prueba su viabilidad. Si aparece al comienzo condiciona las conexiones de la red.

En este caso, produce el efecto de impedir la libre conectividad, porque suelda las ideas a un elemento crítico, como si cada idea viniese acompañada de su detractor.

Cuando logramos detectar al “tirano” interno que nos paraliza,  podemos representarlo con una imagen ingeniosa o satírica. Me ha tocado escuchar nombres como “el pájaro negro que se me instala sobre el hombro para censurarme”, “el pisabrote”, “la bruja que me come las ideas”.

Una inquietud que surge con frecuencia en los equipos de trabajo es por qué algunos sienten que trabajan mejor bajo una presión externa, y se preguntan si esto no se contradice con la idea de sentirse libres para ser más creativos. La respuesta es que cuando postergamos una actividad o nos encontramos paralizados, es porque nos hallamos bajo el dominio de nuestro tirano interno, que nos descalifica e intimida. Al aparecer el jefe o el calendario que nos recuerdan la dead line o la importancia de lo que debemos realizar, estos operan dándonos el permiso de movernos y concretar. Simplemente, se trata de que el tirano externo tiene más poder que nuestro tirano interno y consigue hacerle frente.

Pero lo más dramático es cuando se instala  la dupla nefasta de la hipercrítica y la negación.

Cuando la función crítica está hiperactiva, nos condiciona a concentrarnos en un aspecto parcial de una idea. Esta visión lineal impide, a la vez, percibir otros aspectos negativos o peligrosos que podría tener ese mismo proyecto, no registra los problemas, defectos o fallas, y nos dirige derecho al precipicio. Mientras que la crítica no nos deja avanzar, la negación de la realidad nos manda al frente sin aviso.

En el nivel de una organización, significa que vemos los riesgos solo adelante, o en lo externo a la estructura. Nos falta el registro de la trama subterránea, que es de donde surge todo lo nuevo, pero también donde anidan los peligros de lo que nos negamos a ver.


ORGULLO Y SACRIFICIO


Cuando, a lo largo de la vida, las figuras de autoridad nos felicitaron reiteradamente por resistirnos a obtener algo que deseábamos, por soportar algo desagradable, por esforzarnos más de lo necesario, nos vamos sintiendo halagados ante nuestra tolerancia al sufrimiento, y cada renuncia incrementa nuestra autovaloración.

Aun si no somos plenamente conscientes de ello, muchos de los modelos que hemos recibido e incorporado nos enseñan el valor del martirio. En esos casos no queremos cambiar porque estamos convencidos de que nuestra capacidad de sacrificio nos otorga una superioridad moral respecto de los demás. Así es como la autoestima se sostiene en la capacidad de renuncia y la energía se utiliza para soportar en vez de usarla para cambiar. La red se transforma en una trampa.


Ese efecto puede ejercerse sobre uno mismo, y también sobre los demás, sometiéndolos a una exigencia que los bloquea y hace colapsar sus redes creativas.

EXPERIENCIA Y MADUREZ


Creemos que la experiencia se adquiere repitiendo una misma actividad a lo largo del tiempo. Sin embargo, en ocasiones, el paso del tiempo rigidiza nuestra manera de hacer las cosas y ahoga la creatividad, ya que la repetición ritualizada de una tarea genera nudos en la red que actúan como resistencias a la innovación y al cambio.

A veces, el más experimentado es el menos creativo, ya que “se las sabe todas” y no siente la necesidad de improvisar. Sin embargo, cuando las experiencias han sido realmente transformadoras, es justo el más experimentado el que tendrá mayor cantidad de recursos originales para resolver una situación nueva.

Otras veces escuchamos decir: “Es preferible contratar a alguien joven porque todavía no tiene las mañas de los mayores”.  De todas maneras habrá dos clases de mayores: los que por la diversidad de sus experiencias, su apertura mental y su curiosidad han ascendido a la categoría de expertos y aquellos que por sus prejuicios y rigideces solo han reforzado sus nudos, se han llenado de “mañas”.

Tradicionalmente, en los oficios se aprendía por experiencia lo que hoy adquirimos de modo más sistematizado con la capacitación especializada.  

La profesionalización es un logro de la educación actual y ha permitido dar profundidad y consistencia a la formación. El riesgo es que se pierdan ciertos beneficios que se daban en el aprendizaje de un oficio: la guía del maestro, la posibilidad de experimentar desde el comienzo y no solo después de obtener un título, la activación de habilidades que hoy se llaman soft.

El problema es que formamos profesionales recortando su sensibilidad y originalidad durante años, y hoy les exigimos que recuperen esas aptitudes al servicio de las nuevas organizaciones que valoran el factor humano y la creatividad.

Además, la dedicación exclusiva y excluyente al estudio de una carrera universitaria o a una actividad profesional conducen a la estrechez de miras, los prejuicios y la linealidad mental. El desarrollo de otros intereses, la diversión, los viajes, las escapadas, si bien aparentan sustraer energía al objetivo principal, llevan al crecimiento de la persona total.

La formación especializada y la concentración excesiva en un proyecto crean profesionales hipercapacitados en un área específica, pero entorpecen el desarrollo humano. Así, encontramos con frecuencia en puestos de responsabilidad a personas con una altísima capacidad intelectual y operativa, pero relativamente incapaces de enfrentar la vida con madurez, y con serias dificultades para relacionarse con la gente.


LA FUNCIÓN DESATANUDOS Y LA RED HUMANA


La red es el lugar de lo potencial, del movimiento y del cambio. Cuando estamos en red, nos abrimos a lo posible.

Con frecuencia, nos sorprendemos al descubrir que las grandes ideas suelen ser ideas muy simples. Esto se debe a que el hallazgo de lo nuevo tiene más que ver con despojarse de preconceptos, para limpiar y despejar la esencia de un problema, y por lo tanto, de su resolución. La paradoja es que la mirada compleja sobre una situación es la que nos permite encontrar la sencillez de la respuesta.

Los argumentos que las personas esgrimen para no funcionar en red suelen ser la cantidad de trabajo, la urgencia y la diversidad de las tareas que deben cumplir. Sin embargo, al pensar en red somos más eficientes y esto nos protege tanto de equivocarnos como de enfermarnos.

Muchas veces la resistencia a implementar una  idea innovadora sólo se trata de una suma de prejuicios, inercia y miedo. Nudos y cortes en la red.

Al enfrentar un problema, un proyecto, una crisis, solemos recorrer mentalmente, casi sin darnos cuenta, las situaciones similares que conocemos, en busca de la experiencia. El problema es que eso nos lleva directamente hacia los nudos. Al poner la mente en red, aparece  lo particular de cada situación y eso permite encontrar soluciones originales.

A menudo, cuando iniciamos un proyecto, lo evidente suele ser pensar en nuestro equipo de trabajo habitual. Y sin embargo, al activar la red podemos crear un nuevo equipo coyuntural para cada situación, detectando quiénes son los que necesitamos para acortar los pasos jerárquicos o de procedimientos, quiénes tienen más aptitudes personales o interés, o menor resistencia, o mayor disponibilidad.

Esta movilidad de los equipos permite reclutar a aquellos conectados por lazos débiles, los aparentemente más alejados o menos significativos, pero que en ese momento importan.

Esto genera una pasión y una mística semejantes a las de un voluntariado, en el que participan personas que tienen ese proyecto en común más allá de jerarquías y roles.




Capítulo 6, extraído del libro: "Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos". Dra Sonia Abadi

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