lunes, 16 de mayo de 2016

Liderazgo en red: Gestionando la cooperación creativa


Cada uno de nosotros es único y original, pero solo los grandes
artistas y los líderes naturales toman conciencia de esto tempranamente
en la vida. Un líder en red, además, es capaz de darse cuenta
de que cada uno de los otros también lo es, y sabe que una parte
esencial de su misión será ayudar a su gente a encontrar y valorar su
propia originalidad para promoverla y potenciarla.


PASIÓN Y COMPROMISO


El buen líder percibe la red, se nutre de ella y la alimenta. Es un catalizador que recibe la energía del entorno, la administra y la distribuye.
En el idioma de las redes complejas, los líderes son hubs, aquellos nodos particularmente atractivos que generan la aglutinación de muchos otros nodos y la creación de innumerables links.
Cuando un líder funciona de ese modo, es capaz no solo de concentrar información o contactos, sino también de difundir conocimiento y comunicación, multiplicando las conexiones informales y azarosas.

La creatividad en acción necesita de la circulación entre las personas y las cosas. El CEO sentado en su escritorio puede tener una idea brillante, y luego implementar su ejecución de modo lineal. Pero si sale de su oficina y transita por los diferentes espacios, la calidad de su idea mejorará, ya que no será algo que deba imponerse, sino un hallazgo que forma parte de una tendencia implícita en el ambiente.
Al percibir lo que está en el aire, le da forma y lo devuelve con un nuevo potencial.

Lo notable es que, en esos casos, una nueva idea genera escasas resistencias y se incorpora con naturalidad. Es como si reflejara en palabras, imágenes y hechos una corriente latente, y trajera a los otros lo que estaban necesitando, quizá sin ser conscientes de eso. No hay violencia, ya que todos reconocen que el plan propuesto tiene su origen en cada uno de ellos, y a la vez se reconocen en él.

Cuando la conectividad funciona, el líder, el equipo y el proyecto son una sola cosa. Esto es lo que llamamos pasión, entrega y compromiso. Y esas son las condiciones necesarias para que aparezca la sincronicidad, esa serie de mágicas coincidencias que hacen que todos los recursos jueguen a nuestro favor.


ENTREGA Y CONTROL


“Muchas veces, los caballos no dan lo mejor de sí mismos, porque
sienten que el jinete no busca una sensación placentera, sino que,
simplemente, está usando instrumentos y siguiendo reglas.
Sin delicadeza, todo lo que hace el caballo es forzado. La delicadeza
es un requisito necesario para alcanzar el estado de gracia
indispensable en el arte. Adiestrar un caballo no es solo ganar su
sumisión; significa también asegurarse de
que el caballo disfrute haciendo lo que se le pide.
En la vida, cuando dos seres vivos dan lo mejor de sí mismos para
realizarse, sucede algo maravilloso”.
Nuno Oliveira
Reflexiones sobre el arte ecuestre


Hoy el liderazgo se construye con intuición, empatía, percepción y manejo de la red humana. Un líder en red ilumina la actuación de su equipo, pone su luz al servicio del brillo de los otros, fomenta el aprendizaje y la circulación de conocimientos y vínculos.
Los líderes lineales, cuando se les señala un error o se les pide un cambio de actitud, reaccionan defensivamente, se ponen paranoicos y autoritarios. Acortan las riendas y espolean al equipo.

El problema es que este aislamiento genera más miedo a ser atacado.
Al cortar la red, no solo dejan al equipo emocionalmente huérfano, sino que se privan del suministro empático de su gente y de la posibilidad de aprender.

Lo notable es que siempre el ejercicio del poder genera fragmentación y linealidad, a veces hasta un cierto “delirio de grandeza”, y por eso debe ser complementado por el desarrollo y la madurez de la persona total.

Cuando hay exceso de protagonismo no hay red, solo líneas convergentes hacia el jefe. El sistema es jerárquico, bidimensional y estático. Los lazos informales y espontáneos entre personas e ideas están restringidos.

No hay expansión libre de la conectividad, y la no incorporación de nuevos conocimientos agota el capital intelectual de todos. Poder y control impiden que se forme la trama humana y empobrecen los resultados y la calidad del equipo. La necesidad compulsiva de un líder de demostrar su valor ahoga la creatividad de los otros, además de cargar con una responsabilidad excesiva y solitaria.

Se puede elegir entre ser el jefe de un ejército de robots o el director de una orquesta de personas vivas. Una organización en red no es una serie de categorías burocráticas, perfectamente tipificadas y organizadas. Tampoco una horda de salvajes liderados por un cacique carismático. Pero para liderar un equipo de personas interesantes y valiosas es esencial conocer aquello que hace único a cada uno. Su carácter, sus habilidades, gustos y pasiones.

Pensar en red no es un conocimiento más sino un recurso que permite descubrir, gestionar y capitalizar el talento y los valores originales de cada persona, incrementando el potencial humano.


RESPONSABILIDAD Y AUTORIDAD: AUTORIZAR
EL APRENDIZAJE


“El aprendizaje no funciona de forma automática: es preciso dirigirlo.
Y la velocidad de una empresa no la marcan los más inteligentes y
los más rápidos, sino los más lentos y los menos preparados. Una de
las tareas clave de todo líder es fomentar el aprendizaje.
Los líderes deben asegurar un flujo constante de conocimientos en
todos los niveles de la empresa”.
Jonas Ridderstrale y Kjell Nordström
Funky Business


Una intervención lineal y vertical siempre parece más rápida y eficaz, pero corta la red e impide el aprendizaje. Solo la actitud de tejer la red hace madurar a la gente. Claro que puede requerir algo más de tiempo, pero genera un crecimiento verdadero y sostenible.
“Cuando resuelvo algo personalmente y por decreto, lo hago más rápido. Trabajar en red es muy interesante, pero toma un poco más de tiempo. Y yo soy demasiado impaciente”, me decía hace poco Sergio, presidente y dueño de su empresa.

Es cierto que el ejercicio de la autoridad es necesario, pero cierra la red: la gente se siente amenazada o humillada y se defiende reaccionando. Por eso, cuando el líder cree tener razón, debe considerar las reacciones que generarán el miedo y el orgullo herido de su gente, porque, si no, seguirá teniendo razón, pero fracasará en su gestión.

Además, fustigar a la gente genera adicción a los estímulos, y es interminable y agotador. Por otra parte, produce dependencia del sistema elogio-crítica o premio-castigo. Las personas comienzan a funcionar desde el reflejo condicionado, más que desde la reflexión y el compromiso. Si el estímulo apunta al miedo y la inspiración al placer, el líder que sólo estimula produce adiestramiento, en tanto que el que inspira genera crecimiento.

Mary Fontaine, directora del Centro McClelland, investigadora del comportamiento de las organizaciones y autora junto con Scott Spreier y Ruth Malloy del trabajo “Liderazgo desbocado: el potencial destructivo del excesivo afán de logro”, publicado en Harvard Business Review, afirma que los líderes que tienen una actitud autoritaria y toman atajos hacia los resultados inmediatos en vez de informar, enseñar y colaborar con su gente, terminan perjudicando el desempeño, destruyendo la confianza y el ánimo, y reduciendo la productividad.
Estos autores destacan también que se reconoce a esta clase de líderes por su tendencia a trabajar más duro que sus subordinados y su creencia en que ellos mismos son capaces de hacerlo todo mejor y en menos tiempo.

Pero un líder puede trabajar en red sólo cuando su propio pensamiento opera en red. Si es un workaholic, estresado y lineal, crispado y sobreexigido, apenas va a ser capaz de reaccionar linealmente ante los problemas, causando más daño a su equipo. Y esas reacciones  generan una toxicidad en los vínculos, hecha de orgullo herido, resentimiento, pérdida de confianza y miedo.

La adrenalina circula en grandes cantidades, la gente se enloquece y se enferma. Aparecen actitudes irresponsables, ausentismo, desinterés, somnolencia y maltrato hacia otras personas.

Como es imposible evitar todas las actitudes lineales que cortan la red, lo importante es detectarlas y repararlas. Por eso, el líder debe saber diagnosticar y curar la red. Ser capaz de decir, con honestidad y respeto, lo más temido, lo que nadie quiere decir, e incluso lo que nadie quiere escuchar, y enfrentarlo con confianza y franqueza.

Cuando una organización o un equipo funcionan linealmente, los nudos y los cortes producen la irritabilidad y el enojo del jefe. Sin embargo, la función del líder es justamente encontrar los nudos y los cortes, ya que muchos de los errores que las personas cometen se deben en gran parte a fallas en la red, y la forma de solucionarlas es revisarla y restaurarla a tiempo.

Sin embargo a veces, especialmente durante una crisis, ejercer el liderazgo implica cerrar o cortar la red. Esto deja residuos tóxicos en la organización, que, pasada la emergencia, deberán ser registrados, procesados y reparados.


EL ESTADO MENTAL FASCISTA


En su libro Ser un personaje, el psicoanalista inglés Christopher Bollas describe ciertas condiciones de funcionamiento de grupos y sociedades como un “estado mental fascista”, en el que los valores se deshumanizan, no solo verticalmente desde el dictador, sino por la prohibición de sostener actitudes humanas solidarias y compasivas entre los miembros del equipo, que son criticadas y castigadas. Se considera signo de debilidad ofrecer ayuda o interesarse por el problema del otro, necesitar consejo o colaboración. También, expresar emociones o tener otros intereses por fuera de la organización.

El funcionamiento lineal aumenta el riesgo de aparición de ese estado mental, ya que se eliminan la duda, el conflicto y la oposición. La gente distorsiona, descontextualiza y discrimina.
En el nivel del pensamiento encontramos una mutilación de la creatividad, y en el nivel de los equipos una destrucción de los vínculos, con comportamientos egoístas y despiadados.


LOS INDICADORES DE GRANDEZA


Pero aprender a colaborar no es tan sencillo. Si saber dar requiere de un aprendizaje, saber pedir puede ser aún más difícil. Y en muchos casos nos cuesta manejar las emociones que genera depender de otro.

A veces tenemos que pedir un favor, y nos debatimos para encontrar el punto justo entre una actitud prepotente o una humilde; de asumir una posición reactivamente orgullosa ante el malestar de tener que pedir, o una de sometimiento ante la incomodidad de depender.

Pero la solución no es encontrar las proporciones justas de orgullo o humildad, ya que quedaríamos  acotados por dos alternativas lineales.

Cuando trabajamos en red, la mejor actitud es el agradecimiento. La gratitud honra a la vez al que pide y al que da, es expansiva y contagiosa. Y resuelve la disyuntiva entre ganar o perder, ya que todos ganan.


Capítulo 12, extraído del libro: "Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos". Dra Sonia Abadi



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