lunes, 16 de mayo de 2016

Las redes y el fluir de la creatividad



Las ideas creativas que llevan a la realización exitosa nunca
se gestan a solas en el interior de la mente. El mundo está lleno de
ideas en permanente circulación, y al funcionar en red también las
encontramos y las podemos utilizar.


ELOGIO DE LA IMPROVISACIÓN


“En todas las culturas, existen experiencias que están más allá de
la funcionalidad y la productividad. Experiencias relacionadas con lo
inédito, lo inútil, lo azaroso, el juego. La eficacia y la funcionalidad
aparentan ser los pilares del progreso. Sin embargo, cabría preguntarse
si el motor de los cambios culturales se oculta en fuentes más
sutiles y secretas: la improvisación y la creatividad”.
Jean Duvignaud
El juego del juego


Un día cualquiera, el maestro de tango baila para sus alumnos. Uno de ellos le pide: “¿Podría repetir la secuencia, por favor?”. “No sé cómo hacerlo –responde él– Cuando improviso, no me queda en la memoria el resultado”. Se queda pensando: “Es raro, porque en realidad me queda una calidad particular de memoria que no tiene forma de figuras sino que pasa a ser parte de mí”. Y me pregunta: “Vos que sos médica, ¿me podrías explicar cómo se llama ese recuerdo que queda de todas las experiencias en que uno fue capaz de improvisar?”. “Sí, maestro –le digo–, se llama confianza”. “Ahora entiendo –dice él–, eso es lo que me permite volver a bailar cada vez, con la convicción de que voy a saber qué hacer aunque no lo haya preparado”.

La reflexión es que solo a través de la experiencia repetida de la improvisación se logra construir la confianza en la propia aptitud creadora. La paradoja es que únicamente desde la confianza en sí mismo se puede ser creativo. Esta aparente contradicción se resuelve generando tiempos y espacios para entrenar la capacidad de improvisar. En la propia vida, en los lugares de trabajo, en la experimentación sin pretensión de resultados inmediatos.

Esta es la función que cumplen ciertos talleres de arte, ciertos espacios terapéuticos, los talleres para pensar en red, que generan esta calidad particular de experiencia. Curiosamente es en esos espacios dónde los rasgos lineales quedan en evidencia con trazo grueso.

En un marco diseñado a medida para dejar en suspenso el estado de alerta y las defensas, se destacan fácilmente las dificultades, los bloqueos, los nudos y las cristalizaciones de la personalidad.

Como el acuerdo básico de ese marco es que ninguna nueva idea será juzgada ni evaluada, cada uno se reconoce en sus clichés, actitudes repetitivas, limitaciones y potencialidades. Lo notable bajo esas condiciones se produce una transformación y expansión de la personalidad.

En esos espacios de libertad, se exploran los recursos y se construyen instrumentos para desarrollar al artista interior.
Esta libertad creativa aparece como un nuevo y potente recurso generador de confianza y proyectos innovadores.

Pero ¿cómo se aprende a ser creativo? Metafóricamente, podemos decir que el aprendizaje se puede registrar de dos modos complementarios: la incorporación de contenidos que se archivan en la memoria en forma de imágenes e ideas, y la experiencia original protagonizada por el Ser total, que se organiza como parte de la persona. En el funcionamiento lineal, la tendencia es a archivar contenidos. En el modo de red, donde opera la improvisación, se promueve la transformación del Ser.

Sin embargo, si la capacidad de improvisar está bloqueada, por falta de confianza o de entrenamiento, se intenta aprender de memoria el manual de instrucciones.

De este modo, ante cada desafío, el recurso será el repaso de los contenidos que se conocen de antemano.
Como este método resulta siempre insuficiente, la persona intenta desesperadamente adquirir mayor variedad de respuestas predeterminadas.

Construye así un extenso muestrario de actitudes y conductas para toda ocasión, y, si tiene un archivo lo suficientemente amplio, y además ha sido dotada de buena memoria, podrá aparentar ser una persona creativa.

Pero repetir las consignas del manual no genera crecimiento, sino que solo refuerza lo ya sabido. Lo atractivo de la improvisación es que deja una calidad particular de experiencia que hace crecer y evolucionar, forjando al verdadero experto.

Exponerse a aprender algo nuevo, someterse al azar, desviarse del terreno conocido brindan al Ser nuevas oportunidades. La exploración de actividades sin conocimientos ni preconceptos permite vivir experiencias que ponen en juego nuevas aptitudes, facilitando la conexión entre lo intelectual, la destreza física y las emociones.

Cuando el individuo comienza a probar esta modalidad sin recetas en una actividad en particular, se sorprenderá con la emergencia de ocurrencias sobre otros temas: un modo original de encarar su trabajo, una idea ingeniosa para resolver un viejo problema, un deseo largamente postergado, la salida de una tormenta afectiva.


LOS CANALES DEL IMPULSO CREATIVO


El impulso creativo fluye como una corriente y se irá encontrando con diferentes canales de expresión, pero también con numerosos obstáculos. Los temores, prejuicios y experiencias negativas oprimen las conexiones de la red, reducen el fluir de la creatividad e impiden el surgimiento de nuevas ideas.

Cuando nuestros canales de expresión creativa están estrechados, lo percibimos como una sensación angustiosa. Esto no tiene nada de extraño si recordamos que las palabras “angosto” y “angustia” tienen el mismo origen.

En otros casos, la creatividad solo fluye en ciertos espacios y situaciones permitidos, pero nos resulta difícil activarla en las tareas obligatorias.
Este es el caso de las personas que desarrollan una actividad creativa en paralelo con su vida laboral, y esos dos mundos nunca entran en contacto. Las consecuencias suelen ser el aburrimiento y la pérdida de compromiso con el trabajo, que se siente como una prisión. Y la impaciencia por llegar al fin de semana y a las vacaciones como únicas fuentes de entusiasmo y placer.

Otras personas padecen una clausura total de sus canales creativos; la vía de expresión de las ideas y ocurrencias está cerrada en todos los ámbitos. La red se endurece y aparecen el acartonamiento en la actitud, la tensión en el trato, la pérdida de la espontaneidad. El resultado suele ser el estrés y las enfermedades psicosomáticas.

En otros casos se produce el repliegue de la creatividad, que se desgasta en elucubraciones sin salida y ensueños diurnos. En este tipo de introversión se pierde la conexión con la realidad y la posibilidad de concretar realizaciones. La persona se siente frustrada.

En algunos, la corriente creativa es muy caudalosa y se desborda, pudiendo causar caos y desorganización. Esto lleva al malestar en la vida cotidiana, a la dificultad para sentirse comprendido, a la imposibilidad de construir proyectos viables.

Pero más allá de los posibles obstáculos y potencialidades, en cada persona el caudal creativo puede ser utilizado productivamente para ensanchar su vida, o drenarse en una descarga estéril.


LA  DIFERENCIA ENTRE EXPANSIÓN Y
EVASIÓN, PASIÓN Y VICIO


Presionados por el trabajo productivo, la exigencia de rendimiento y eficacia, la búsqueda del éxito, sentimos que nuestra vida es difícil de sostener, y a veces nos acompañan sentimientos de frustración y falta de libertad.

En un intento por recuperar el entusiasmo y como una tregua en la lucha por la vida, buscamos el juego, el deporte, los hobbies, los viajes, crear grupos que comparten afinidades, desarrollar intereses artísticos o sumergirnos en el fluir de la vida cultural.

Estas actividades no solamente nos distraen y nos relajan, sino que, si fluimos en red, nutren nuestro pensamiento, creatividad y sabiduría, y nos permiten desplegar una personalidad más interesante, extrapolar conocimientos de un área a otra y ser mejores también en nuestro desempeño laboral.

Son experiencias variadas y estimulantes, y suelen estar cargadas de sentimientos de plenitud, orgullo y exaltación.

En esa forma adulta de jugar, la mente, las emociones y el cuerpo se entraman en una experiencia que tiene un lugar y un tiempo, con un estado mental laxo y libre de defensas. No nos sentimos amenazados ni perseguidos, la imaginación y la realidad confluyen, y la red se realimenta.

Pero otras veces, las zonas rígidas y los aspectos fragmentados de nuestra personalidad no nos permiten ampliar nuestro mundo con actividades creativas, sino que solo nos dejan evadirnos a través de acciones impulsivas, a veces hasta secretas, que nos avergüenzan, vacían nuestra vida de energía y mutilan nuestra red.

Entre estas actividades podemos considerar los atracones de comida, las compras compulsivas, los juegos de azar, la necesidad de tomar alcohol todos los días después del trabajo (o durante), el uso indiscriminado de tranquilizantes y comprimidos para dormir, el consumo sistemático de pornografía en Internet, las horas ante el televisor sin importar el contenido de lo que vemos. También, las relaciones afectivas tortuosas y enfermizas.

Estos actos de evasión suelen ser repetitivos y monótonos, y una vez consumados, nos generan rabia contra nosotros mismos, nos hacen perder tiempo y dinero, y nos averguenzan.

Nos encontramos fragmentados, desconcertados y asustados por estas acciones que se vuelven cada vez más impulsivas e inmanejables.
Este es un modo de huir de la realidad, con actividades aparentemente recreativas, pero de calidad inferior a la actividad creativa, ya que no dejan aprendizaje ni crecimiento personal. Las actividades impulsivas son solo maneras de deshacerse en forma improductiva de nuestro excedente de energía.

Así como en la expansión se gana potencia y esta circula hacia otras áreas, en la evasión, en cambio, la energía se consume y esas actividades quedan aisladas del resto de nuestras experiencias.

Lo notable es que muchas personas que cuentan con una gran energía y potencial creativo no reconocen esta necesidad ni saben encontrar canales adecuados de expresión, y por eso padecen de estas conductas y hasta pueden terminar destruyendo sus propios proyectos.


ADUEÑARSE DE LA CREATIVIDAD


“En un rincón de nosotros, adultos, vive el piloto solitario, el explorador
de África, el navegante de mares desconocidos. En algún lugar
nos habita el aventurero intrépido. En algún lugar nos habita un ser
alegre que en algún momento supo descubrir maravillas por doquier.
Hoy hemos escarmentado, se nos han puesto límites, pero si tenemos
suerte volvemos a sentir de vez en cuando el contacto con
aquel sentido de lo maravilloso”.
Judith Viorst
El precio de la vida


A veces, una idea creativa nos sorprende y sentimos la magia de la revelación. Pero nuestro Ser creativo y las exigencias de la vida no siempre se llevan bien, y en el peor de los casos, esa situación nos conduce a dos extremos igualmente dramáticos. Por un lado, a encerrar, reprimir, acallar, a veces casi asesinar el Ser creativo para adaptarnos, o por el otro, a darle plena expresión, al costo de transformar la propia vida en un caos sacudido por estampidas de creatividad, alternando con los pozos angustiosos de su ausencia.

En los talleres para pensar en red trabajamos para reconocer
nuestra creatividad, no como algo mágico y aterrador ligado a la inasible inspiración que nos desestabiliza cuando aparece y nos ensombrece cuando nos abandona, sino como un recurso que está siempre a nuestra disposición. El ejercicio de la creatividad no tiene por qué llevarnos a la miseria ni a la locura: debe permitirnos el bienestar, la alegría y también los logros.


COMO UN CHICO QUE JUEGA


“La creación de algo nuevo no se logra con el intelecto, sino por el
instinto lúdico que actúa desde una necesidad interior. La mente
creativa juega con los objetos que ama”.
Carl Jung


Cuando a alguien se le pregunta sobre su capacidad de jugar, suele respondernos en relación con un juego reglado y competitivo o una actividad deportiva, y no con una experiencia ligada con la creatividad.
Por supuesto que en el tenis, el golf o el ajedrez opera la creatividad, aunque encorsetada en una serie de códigos prefijados. Y muchas veces la estrategia supera al placer y la rivalidad a la diversión.

Es por eso que las experiencias en esas áreas raramente son trasladables a la vida y a la actividad laboral. El entrenamiento específico de cada juego o deporte termina sirviendo principalmente para desarrollar esa actividad en particular y para cultivar círculos sociales.

Sólo en el momento en que se puede jugar libremente con las ideas, las cosas y las personas, la creatividad se despliega. Si la gente no puede jugar, se resigna y se aburre. O crea problemas, molestando el juego de los otros.

Como el chico que juega, el creativo utiliza todo lo que tiene a mano y lo transforma. Nada se salva de su pasión por imaginar, probar, combinar, experimentar. Lo vemos haciendo un boceto en un papel cualquiera, armando una maqueta improvisada con los vasos y cubiertos en la mesa de un restaurante, dibujando con una ramita en la arena. Y aunque a veces parece distraído, intuye, imagina, ensaya. El mundo es para él un gran prototipo que permanentemente rediseña, reinventa y pone a prueba.


LA AGENDA DEL CREATIVO, UN APORTE VITAL


Los grandes creadores, inventores e investigadores de la historia tuvieron el hábito de explorarse a sí mismos a la vez que exploraban la realidad.

Thomas Edison, Benjamin Franklin, Leonardo da Vinci, Charles
Darwin y muchos otros han sido tan curiosos del mundo que los rodeaba como del modo en que trabajaba su propia mente. Y todos ellos utilizaron  la herramienta de escribir sus pensamientos como forma de liberar su mente y a la vez capturar los flashes de lucidez. Se cuenta que Beethoven llevaba una libreta pentagramada colgada del cuello, para anotar las melodías que se le iban ocurriendo.

Cada uno de nosotros necesita también alguna forma de reflexión y registro cotidiano, cualquiera sea la herramienta que elijamos.
Es interesante tener un anotador, un archivo en la computadora, algo así como una agenda del creativo, en donde las ideas puedan ser volcadas sin censura, en asociación libre, más allá de la lógica, el significado, o aun el sentido común. La escritura es una herramienta privilegiada, ya que es el modo en el que los seres humanos nos hacemos dueños de nuestros pensamientos.

La agenda del creativo permite la expresión de las emociones, la aparición de recuerdos, las contradicciones y extravagancias. Es la otra cara de la agenda lineal, aquella que registra compromisos, acciones y obligaciones; difícilmente nuestro ser creativo logre asomar la cabeza entre los renglones y recuadros de una agenda formal y estructurada.

El uso de la agenda del creativo como un espacio transportable es una pequeña rutina que se transforma en un ritual productivo, ya que orienta a la exploración sistemática de la creatividad.

Cuando comenzamos a trabajar con esta herramienta, solemos encontrar mezcladas listas de obligaciones por cumplir, pequeñas obsesiones, frases hechas y, cada tanto, alguna ocurrencia “loca” que descartamos por absurda.

Pero también aparecen viejos deseos incumplidos, el recuerdo de alguna actividad placentera a la que renunciamos sin saber por qué, la reconexión con pequeñas habilidades o talentos que habíamos perdido.

Este entrenamiento sirve también para drenar las ideas parásitas, abrir los canales de comunicación con uno mismo, desactivar la censura, resaltar fantasías y potencialidades que se hallan veladas por las inhibiciones.

Poco a poco, la inundación tóxica de ideas se limpia, la trama mental se vuelve más flexible, ágil y conectada. Las listas de obligaciones se trasladan a la agenda lineal, y la agenda alternativa pasa a ser el soporte material del Pensamiento en Red.

Claro que, ante cada conflicto, situación aparentemente sin salida, momentos de desaliento, la red tiende nuevamente a cerrarse y endurecerse, y se requiere retomar el proceso de limpieza. Pero cada vez nos hacemos más expertos en diagnosticar el estado de nuestra red y ahora contamos con recursos para liberarla.

Con el tiempo, aprendemos a releer páginas que hemos escrito uno, dos o seis meses antes, y allí llega un nuevo nivel de lucidez. Registramos cuán monotemáticos podemos ser con algunas cuestiones que no nos decidimos a resolver. Encontramos esa solución que ya estaba esbozada y que ahora emerge con total claridad. Y lo más revelador: en las páginas del pasado aparecen problemas aparentemente insolubles en los cuales hemos dejado de pensar, y nos damos cuenta de que han desaparecido, y hasta nos parece increíble que hubieran existido alguna vez.

Esto sucede porque la agenda del creativo no es un depósito donde acumular linealmente obligaciones y luego tacharlas en la medida en que nos las vamos quitando de encima (o en la medida en que nos resignamos a no poder enfrentarlas), sino que es un espacio de gran actividad, donde problemas y soluciones se conectan “por su cuenta” de maneras inéditas y originales.

Al volcarlas por escrito, no solo limpiamos nuestra mente de preocupaciones, sino que los distintos conflictos “trabajan” entre sí circulando por nuestras ideas y creando sus propias soluciones.


En otras palabras, la agenda del creativo no es un cuaderno de buenas intenciones, sino que es, en sí misma, un agente de cambio y expansión de la mente y de la vida.


Capítulo 15, extraído del libro: "Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos". Dra Sonia Abadi

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