lunes, 16 de mayo de 2016

La ecología de la red


La creatividad no es una aptitud más, es la esencia misma de la vida.
No es un lujo sino una necesidad emocional, física e intelectual.


EL TALENTO Y LA LOCURA


Con frecuencia, escuchamos historias acerca de personas muy talentosas que sufrieron de diferentes formas de locura, casi como si la creatividad y el sufrimiento mental estuvieran fatalmente relacionados. Esto nos asusta, y no quisiéramos activar ese poder diabólico en nosotros mismos y menos aún en nuestros hijos.

El talento tiene un fuerte componente innato y, en general, comienza a expresarse muy tempranamente, a veces en forma directa y evidente, y otras a través de conductas anormales o hasta de aparentes deficiencias.

Los niños particularmente talentosos se encuentran en la situación del heredero de un gran capital, aún sin recursos emocionales para saber administrarlo.

Estos niños requieren de sus padres y maestros ciertos cuidados especiales que puedan favorecer el desarrollo del talento junto con la maduración de la personalidad total. Los modelos de crianza y educación deberán brindarle las condiciones adecuadas para crecer sin angustiarse ni desorganizarse, creando un equilibrio dinámico entre contención y libertad, límites y espacio. En caso contrario, su salud mental estará en peligro.

Aquí la calidad del ambiente y más adelante, las oportunidades y el azar juegan un rol clave en el desarrollo del talento así como en el destino de la persona. Músicos precoces y deportistas sobresalientes son ejemplos conocidos de estas alternativas. Algunos caen en manos de maestros o entrenadores poco éticos o poco preparados en el plano emocional, que no saben resistir la tentación de explotar a la persona para saquear la veta del talento, a veces con la colaboración imprudente de la familia.

Lo interesante es que esto mismo ocurre con el Ser creativo, el artista en potencia que también forma parte de cada uno de nosotros.

CÓMO RESPETAR EL PROGRAMA ORIGINAL


“La educación del futuro se ve confrontada a este problema
universal, ya que existe una inadecuación cada vez más amplia,
profunda y grave entre, por un lado, nuestros saberes desarticulados,
parcelados y compartimentados y, por el otro, las realidades o
problemas cada vez más polidisciplinarios, transversales,
multidimensionales, transnacionales, globales, planetarios…”.
Edgar Morin
Los siete saberes necesarios para la educación del futuro


Los adultos con los que trabajo se preguntan y me preguntan si todos tenemos Pensamiento en red, y si es así, cuáles fueron las causas de que se volviera lineal. Algunos se lamentan de no haber tenido acceso mucho antes a esta forma de pensar.

También me preguntan si no sería bueno que en las escuelas se enseñara a pensar en red; o que, por lo menos, no se reprimiera el acceso de los alumnos a su conocimiento y aplicación.

La realidad es que los niños han sido desde siempre intuitivos y creativos y poseen naturalmente una percepción y un pensamiento conectivo, pero además, un niño del siglo XXI es un navegador nato de  redes.
¿Qué hace que los niños de hoy sean particularmente expertos en  redes? La gran afinidad entre el estilo de los procesos mentales de la infancia y el modo en el que se presenta la realidad actual.

Los sistemas educativos siguen siendo en gran parte lineales, legado de tiempos de fronteras y estructuras cerradas. Desde este modelo uniformizante, se aspira a brindar iguales oportunidades y también a la estandarización del conocimiento para hacerlo mensurable. La desventaja es que se podan las redes mentales originales de cada uno y también ciertas redes informales que se generan entre los chicos. La educación lineal tenía sentido en un mundo de fronteras, pero este modelo mental ya no es acorde con el mundo actual, global e hiperconectado .

Claro que a partir de aceptar al niño en red se redimensiona la autoridad de los adultos, que ya no lo saben todo, y el papel del maestro, que pasaría de administrar el saber a gestionar el desconocimiento y la incertidumbre.

Desde este enfoque, la materia prima del aprendizaje ya no serían los conocimientos del maestro sino la mente del niño.

Reconocer el derecho de los chicos a ser parte y generadores de redes es permitirles una vía natural de empatía con los otros, de cuidado del ambiente, de preservar y desarrollar valores como la curiosidad, el altruismo y la confianza. No hace falta aclarar que un chico en red no es un niño salvaje e incivilizado, sino que es esencialmente responsable y ético, por la afinidad y el compromiso que percibe y sostiene con su entorno.

Formar mentes en red significa respetar y cultivar los vínculos espontáneos, generando un estado de entusiasmo y alegría por sentirse parte de la red y contenidos por ella. Y, si bien la tecnología es hoy un soporte importante de esta experiencia, lo esencial es la disponibilidad a conectarse “en vivo” o por cualquier medio disponible.


EL SECRETO DEL ARTISTA


“Existe una vitalidad, una fuerza de vida, una energía,
una aceleración que pasa a través de ti en la acción, y dado que existe
solamente una expresión de ti mismo en cada momento, esta expresión
es única. Y si tú la obstaculizas, nunca llegará a manifestarse a
través de ningún otro medio y se perderá”.
Martha Graham


El artista se siente creador y dueño del mundo, y circula por él sin ataduras, aun si, en algunos casos, ni siquiera se movió del pueblo donde nació. Por eso se los suele llamar bohemios, lo que quiere decir lo mismo que gitanos, ya que la región de Bohemia, en Europa Central, es la tierra de origen de los gitanos.

Un artista no conoce fronteras, maneja códigos que pueden ser comprendidos por gente de diferentes partes del mundo, atravesando las barreras del lenguaje, de la diversidad cultural, de la geografía, y aun de la historia: basta con ver la actualidad de los grandes artistas de todos los tiempos.

¿Qué pasa cuando un empresario o un profesional descubren en ellos el secreto del artista? Todo su talento creativo se despliega, su espíritu innovador no tiene límites, y capitaliza una fuente inagotable de aptitudes conectadas hacia los otros, más allá de su capacitación especializada y de las jerarquías. Como el artista, se transforma en alguien capaz de relacionar todas las cosas entre sí.

Por eso, el creativo sólo sobrevive en condiciones en que puede generar y navegar la red, su hábitat natural. Percibe la red y se percibe como parte de ella, brindándose como un ámbito por donde fluyen lo interno y lo externo en ambas direcciones.


EL ESPACIO CREATIVO


A veces soñamos con la tranquilidad absoluta de un espacio o tiempo sabático para poder crear. Octavio, un escritor talentoso se sentía desamparado por la falta de medios para subsistir y agobiado por su trabajo cotidiano como empleado público. Finalmente, logró su sueño: fue becado por un gobierno extranjero para dedicarse por un año a escribir. Le dieron casa y comida en un lugar aislado de estímulos. No pudo escribir ni una línea.

Esto lo saben todos los autores populares que escriben en los bares y cafés, ya que necesitan del murmullo de la vida cotidiana para crear. Y más aún debiera tenerlo en cuenta el emprendedor o empresario.

De nada le sirve aislarse del mundo, que es su fuente principal de inspiración y su campo de acción.

El lugar para crear no se encuentra ni en la realidad exterior ni en el interior de la cabeza, sino en un espacio intermedio. A su vez, necesita de un movimiento de cierre y apertura, que tiene un ritmo propio para cada uno, con momentos de replegamiento y otros de expansión. Se trata de una danza que hace jugar tres espacios entre sí: interior, intermedio, exterior.

Y es como si estos tres espacios se correspondieran con tres estados materiales de una idea. En el interior de la mente, las ideas son sueños, fantasías, casi delirios. Se hallan en estado brumoso. Al compartirlas se conectan con las ideas, imágenes y palabras de otros, y comienzan a tomar forma. En ese espacio intermedio las ideas se hallan en estado fluido.

Finalmente, en el mundo de las cosas, los pensamientos se plasman, se vuelven sólidos y consistentes.

Por eso, si solo nos refugiamos en la mente, corremos el riesgo de construir proyectos impracticables. Y si nos lanzamos a la acción en forma lineal, las ideas se consolidan demasiado pronto y carecen de vuelo y originalidad.

Cuando nos disponemos a crear en el espacio intermedio, se va tejiendo una trama que incorpora nuestras ideas, a la vez que recoge y procesa los datos del entorno, dando lugar a una creatividad productiva.


LOS TIEMPOS PARA CREAR


A veces nos encontramos irritables, todo nos molesta: las voces, la gente, el celular. Si evaluamos nuestra actividad a lo largo de una semana, comprobamos que casi no hemos tenido momentos de soledad.

Sin embargo, los tiempos en soledad también son necesarios para crear, sin aislarse ni aturdirse en la acción. Por eso es importante disponer de períodos de tiempo más largos y elásticos, ya que los estímulos e interrupciones fragmentan la experiencia y desactivan el Pensamiento en Red, dejando una cantidad de retazos inutilizables de vivencias, que ocupan espacio mental e intoxican.

Todo proceso creativo se desarrolla en tres tiempos, cuya extensión dependerá de cada persona, de su situación y de su entrenamiento.

El primer tiempo es el de la resistencia: intentar no hacer, huir del compromiso, postergar. Allí aparece la ansiedad.

El segundo tiempo es el de la exigencia, el intento de hacerlo desde el voluntarismo, desde lo lineal. Si nos conformamos con eso, los resultados son correctos pero pobres.

En el tercer tiempo llegará la inspiración. Se abandonan los caminos conocidos, aparece la asociación libre de ideas, se desactiva el juicio, nos exponemos al azar. Este es el momento en que aparece la creatividad.

COMO UN ATLETA


El Ser creativo debe ser protegido porque es entusiasta, confiado, audaz y sensible.

El estrés, la falta de sueño, la falta de tiempos libres no dejan percibir ni recorrer la red. La desconexión del cuerpo y las emociones genera un funcionamiento operatorio e instrumental que sirve solo para resolver cosas concretas.

A veces es necesario suspender el exceso de estímulos, decretar períodos en los que privarse de la televisión, los diarios, los llamados telefónicos.

También aprender a percibir lo que nos altera y lo que nos inspira, las personas que nos alientan y las que nos inhiben.

Cuando pensamos en red, en atención flotante, creamos una atmósfera o microclima propio que no nos aísla como una coraza rígida e impermeable, pero tampoco nos expone a la invasión de estímulos.

En ese entorno “oxigenado” funciona mejor el intercambio entre el adentro y el afuera, terreno fértil para las propias ideas y el encuentro con las oportunidades.




ENTRE LA INMEDIATEZ Y LA ETERNIDAD: LAS
GRANDES CUESTIONES DE LA VIDA


“¿Por qué habríamos de usar nuestro poder creativo…?
Porque no hay otra cosa que haga a la gente más feliz,
generosa, vivaz, compasiva y audaz, más indiferente al ocio y a la acumulación de objetos.”
Brenda Ueland


Hasta el más pequeño acto creativo nos enfrenta con los grandes temas de la humanidad. La finitud y la trascendencia, la inmediatez y la eternidad.

¿Y cómo vivenciamos esto? Imaginen que estamos componiendo un poema, haciendo un dibujo o inventando un nuevo proyecto. Nos sentimos eufóricos, apasionados, comprometidos. Ponemos toda nuestra energía para lograrlo. Nos domina la urgencia de hacerlo ya, tanta que a veces nos puede quitar el sueño y llevarnos a descuidar otros intereses, como si mañana fuese demasiado tarde, como si temiéramos que al día siguiente ya no fuéramos a estar aquí para poder concretarlo.

Pero a la vez nos sentimos invulnerables, con una fe formidable en nuestra idea, sumergidos en un proyecto que creemos que puede cambiar la realidad.

Por eso cada vez que creamos algo nuevo, lo hacemos con la desesperada urgencia del que cree que puede morir al día siguiente y con la serena certeza de trascender.


LA COLABORACIÓN CREATIVA


Trabajar en red no es la imposición de una visión única, sino la construcción de sueños compartidos. Sin este compromiso, gran parte de la energía creativa se agota en fuerzas de resistencia a un proyecto que nadie siente como propio.

La red genera la confianza necesaria para sostener una visión compartida y desplegar una misión común; todos los recursos humanos confluyen y la pasión acompaña. Así, cada uno se relaciona con el proyecto desde la afinidad, la pertenencia y el sentimiento de propiedad.

A diferencia del sistema jerárquico, todos se sienten parte y dueños. Y si cuando funcionamos en red nos sentimos parte del universo, ¿por qué no sentirnos parte de una organización incluso si estamos en una oficina de la filial más alejada de la casa central?

W. Chan Kim, creador de la “teoría de los dos océanos”, afirma que en el mundo de los negocios la mayoría de la gente cree que la creatividad es solo una fuerza que está detrás de la innovación, pero que es demasiado inestable e incierta como para considerarla en el plano de la estrategia. Y concluye que solo las empresas que consideran a la creatividad como base fundamental de su estrategia son capaces de armar equipos creativos.


TRABAJANDO EN UN PROYECTO CREATIVO


A medida que un proyecto avanza y se define, tiende a hacerse cada vez más lineal. Muchas ideas son descartadas porque implican revisar, y a veces modificar, cuestiones ya decididas y aceptadas. Se instala así una forma de inercia que impide ver las fallas y puede llevar al fracaso. Al mantenerse en red, el proceso sigue activo y se pueden seguir percibiendo los ajustes necesarios o aun la transformación total de un proyecto.

Para crecer, cada proyecto tiene que ser reinventado cada vez, ya que todo plan en gestación necesita oxígeno hasta último momento ¡y más aún en el momento del parto!


Es importante organizar los recursos de un modo dinámico y vital, ya que tanto el desorden estéril como el orden estático atentan contra la calidad del resultado.

Capítulo 16, extraído del libro: "Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos". Dra Sonia Abadi

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