lunes, 16 de mayo de 2016

Formas no lineales de conocimiento. Diferentes teorías del pensamiento y la creatividad



Hoy, las ciencias humanas, luego de años de intentar
someterse en forma excluyente al racionalismo, redescubren
formas de conocimiento sutiles y enriquecedoras, que
habían sido desprestigiadas y descartadas.


UN NUEVO Y ANTIGUO SABER


¿Cuál es el sentido de estudiar en la actualidad formas de conocimiento no lineales como la intuición, la recopilación de indicios no evidentes y la empatía?

Por una parte, nuestros saberes sobre estos instrumentos han avanzado gracias a la investigación empírica, lo que nos permite revalorizar su calidad y precisión. Pero, además, si la red es el territorio del exceso y la velocidad, requerirá un modo especializado de selección de la información y una aprehensión inmediata de cada situación. En un mundo globalizado y complejo, estas formas de conocimiento se vuelven particularmente eficaces para una comprensión rápida y abarcativa de los hechos.


CARLO GINZBURG: SIGUIENDO EL HILO DE
CAZADORES Y NAVEGANTES


“Para los griegos, dentro del vasto territorio del saber conjetural
estaban incluidos los médicos, los historiadores, los marinos, los
cazadores, los pescadores, las mujeres… Nadie aprende el oficio de
connaisseur o de diagnosticador si se limita a poner en práctica
reglas preexistentes. En este tipo de conocimiento entran en juego
elementos imponderables: olfato, ojo clínico, intuición”.
Carlo Ginzburg
Mitos, emblemas, indicios


Cada vez se ha hecho más necesario en las ciencias humanas disponer de un método que nos permita entender lo único e irrepetible. Las ciencias conjeturales, cuyo instrumento es el método indicial, se ocupan de reconstruir la realidad a partir de indicios hábilmente seleccionados y compaginados.

El epistemólogo e historiador italiano Carlo Ginzburg recupera y analiza las características de este método. Relata cómo, hacia fines del siglo XIX, surge en el ámbito de las ciencias humanas la necesidad de un nuevo paradigma, hasta entonces ampliamente usado en la práctica pero poco teorizado.

Se trata de una milenaria táctica de construcción de conocimiento aplicada a lo único e individual: el método indicial, que no recurre a leyes generales ni sistematizaciones.

Ginzburg nos relata cómo este paradigma de lo único fue recuperado por tres disciplinas cuyo objeto de estudio son los fenómenos individuales: la historia del arte, la criminología y el psicoanálisis.

Entre 1874 y 1876, el médico y crítico de arte italiano Giovanni Morelli creó un nuevo sistema para reconocer la legitimidad de una obra de arte. El modo imperante hasta aquel momento había sido considerar las características más notorias que definían a cada artista, por ejemplo la forma en que dibujaba la boca o las manos. Morelli sostuvo que esas eran precisamente las más sencillas de imitar, y propuso detectar en cambio los detalles menos evidentes, que él atribuía a rasgos inconscientes y expresiones involuntarias de la personalidad del artista.

Estos datos marginales son reveladores, afirma Morelli, porque constituyen los momentos en los que el control del artista se relaja, y cede su lugar a impulsos espontáneos, “que se le escapan sin que él se dé cuenta”.


ELEMENTAL, MI QUERIDO FREUD


Por su parte, en las décadas de 1880 y 1890, el escritor inglés Arthur
Conan Doyle publicó una serie de novelas protagonizadas por un personaje que llegó a hacerse célebre: el detective Sherlock Holmes. Como afirma Carlo Ginzburg, el método criminológico de Holmes se asemeja notablemente al método crítico de Morelli.

Para la misma época, en Viena, Sigmund Freud postula la exploración del inconsciente mediante una técnica que revela complejas constelaciones de conflictos reprimidos a través de signos y síntomas aparentemente sin sentido o insignificantes. Freud recupera e interpreta ciertos datos marginales reveladores de la historia, la personalidad y los conflictos de cada persona. A este método indicial lo denominó psicoanálisis, y él mismo reconoció su parentesco con el sistema de Morelli.

En ninguno de estos casos se recurrió a medir con precisión, detectar generalidades, formular leyes. El paradigma indicial no es un paradigma de lo universal, sino de lo particular.

Sin embargo, como lo destaca Ginzburg, este modo de conocimiento sólo está al alcance de un experto. Aquel a quien en el arte se suele llamar connaisseur o experto. Sus características son una gran intuición, en parte innata y en parte desarrollada, una vasta experiencia y la capacidad de poner su mente en un estado de atención no focalizada, permeable a los indicios, sin prejuzgar los datos, y permitiendo que el conocimiento se integre a través de él.
¿Cómo son leídos los indicios?, ¿qué se requiere para leerlos? Una atención flotante, sin la cual los otros recursos no logran activarse, ya que cualquier intento de forzar la intuición concluye en frustración, o peor aún, en la construcción de falsas verdades a partir de un procedimiento racional, delirantemente explicativo.
En un segundo tiempo, la mente lógica procesa y “revela” los indicios, construye conjeturas y extrae conclusiones.



OTRA VEZ GLADWELL Y LA FIGURA DEL
CONNAISSEUR


“Cuando se enseña física o ciencia, se tiene el mito del
científico sentado frente a un escritorio, elaborándolo todo a partir
de ecuaciones básicas, de una manera muy racional.
Ahora bien, este no es en absoluto el modo en que la ciencia se hace.
Hay un montón de trabajo conjetural, muchísima intuición,
mucha sincronicidad, pero eso no es reconocido.
Se podría agregar en la enseñanza de la
ciencia el desarrollo de la intuición”.
Fritjof Capra
La trama de la vida


En los últimos años, varios textos –en particular el best seller Blink (El arte de Pensar sin Pensar) de Malcolm Gladwell– relatan investigaciones empíricas y estadísticas acerca de la capacidad de predicción del pensamiento intuitivo. Este autor analiza también la empatía como instrumento de comunicación.

Gladwell presenta múltiples ejemplos. En uno de ellos relata cómo un grupo de científicos fue convocado para legitimar la autenticidad de una escultura griega comprada por un millonario norteamericano, a través del carbono 14 y otras técnicas de laboratorio. Los estudios confirmaron la autenticidad de la pieza.

Luego convocaron a un experto en arte, un connaisseur, que la miró de arriba abajo y dijo: “Hay algo en su mirada que no me va. Espero que no hayan pagado por esto”. La estatua resultó ser falsa. Ese especialista contó que no sabía explicar lo que le sucedía, pero que sentía un intenso malestar físico frente a una obra falsa.

Otros expertos también relatan que, antes de hacer la evaluación de una obra, suelen pedir que la mantengan cubierta con un paño hasta que ellos se instalen en el estado mental adecuado, y luego la descubran en un solo movimiento para tener una impresión totalizadora del clima emocional que la obra transmite.

Y esto sigue siendo cierto cada vez que necesitamos evaluar personas, hechos o contextos. Dice Malcolm Gladwell: “El estado mental es el factor esencial en la toma acertada de decisiones”. Esto quiere decir que ni los conocimientos ni la experiencia, por sí solos, son suficientes para comprender una situación en su totalidad.

Por eso, es conveniente diseñar e implementar algún recurso propio que nos permita limpiar la red del exceso de información y preconceptos que habitualmente la empañan. Disponerse a ver y escuchar con la mente libre de interferencias.

La lectura de un poema, la respiración profunda, algunos minutos de relajación pueden operar a la manera del helado de limón entre plato y plato para el paladar del gourmet, otro connaisseur.


LA RED HUMANA: EMPATÍA E INTUICIÓN


“Ciertos estudios experimentales han comprobado que, en general,
las primeras corazonadas de las personas forman la base de mejores
decisiones que aquellas tomadas tras un análisis racional de los factores
en pro y en contra. Cuando confiamos en nuestra intuición, en
verdad recurrimos a la sabiduría del inconsciente”.
Daniel Goleman
El espíritu creativo


Sabios, videntes, gurúes, algunos viejos amigos o jóvenes sensibles detectan lo que nos pasa sin necesidad de contarlo. Más aún, parecen conocer nuestro carácter y hasta nuestras preocupaciones. ¿Cómo lo hacen? Se ofrecen como caja de resonancia dejando en suspenso la atención. Al estar la mente y el cuerpo en atención flotante, y su persona presente, nos descifran como una totalidad y se produce la verdadera comprensión.

Freud afirmaba que la empatía era una forma de conocimiento que se había perdido en la historia del desarrollo de la humanidad a favor de otras formas más racionales, basadas en la observación y la comprensión intelectual.

Más adelante, otro estudioso de la personalidad, el austro-norteamericano Heinz Kohut, afirmó que en realidad cada uno de nosotros, en su primera infancia, conoce el mundo de modo empático y luego reprime esa capacidad, porque se le superponen otras funciones más objetivas de comprensión de la realidad. Pero nos enseña también que en determinadas condiciones se puede dejar en suspenso el conocimiento racional y permitir que vuelva a fluir el conocimiento empático.

Por otra parte, la empatía y la intuición, al ser formas de aprehensión inmediata, son más veloces que el razonamiento, y esto las hace tan adecuadas a la velocidad del mundo actual. Por eso, aun si contamos con períodos breves para responder, siempre conviene dedicar un primer momento a dejar operar la función red, que sirve para percibir alternativas, antes de activar la observación lineal, que es la que solemos usar en el momento de actuar.

Pero ¿podemos confiar en la intuición y en la empatía?, ¿en qué circunstancias?

Algunos dirán que es peligroso confiar en una primera impresión, que hay que tomarse el tiempo para explorar y analizar a las personas y los hechos. Y esto no deja de ser cierto. Pero lo notable es que, cuando nos equivocamos en nuestra percepción inicial, no es por haber dejado actuar a la intuición, sino porque no hemos sabido desactivar nuestros prejuicios y preconceptos al enfrentarnos a algo o a alguien nuevo.

El Pensamiento en Red descubre, legitima y promueve el funcionamiento intuitivo y empático como forma inmediata de observación y conocimiento, al no descalificarlo como un residuo marginal del pensamiento lógico ni adherir a una concepción mística que trascienda las fronteras de lo comprensible. Junto a la comprensión lógica, el
Pensamiento en Red integra lo inconsciente, el cuerpo y las emociones.


NUEVAMENTE EL PSICOANÁLISIS, AHORA
COMO MODELO DE REDES


“El conocimiento razonado proviene de una información
de la que tenemos clara conciencia, y es solo una muestra
parcial de nuestro conocimiento total. El conocimiento intuitivo, en
cambio, procede de todo lo que sabemos y de todo lo que somos.
Converge en el momento, a partir de una rica pluralidad de
direcciones y fuentes; de allí la sensación de absoluta certeza que se
asocia tradicionalmente con el conocimiento intuitivo”.
Stephen Nachmanovitch
Free Play. La improvisación en la vida y en el arte


A comienzos de 1900, Sigmund Freud desarrolló el concepto de inconsciente como una red mental de conexiones ilimitadas, capaz de asociar ideas y grupos de ideas de infinitas maneras. Postuló dos tipos de pensamiento: uno que responde a la lógica y es consciente, y otro que puede prescindir de ella, es en gran parte inconsciente y permite establecer conexiones entre lo alejado, lo diverso y aun lo opuesto. Los llamó, respectivamente, proceso secundario y proceso primario.

El psicoanálisis también nos enseña que si bien el inconsciente es básicamente una red infinita, no logramos utilizar todo su potencial a causa de las fijaciones emocionales y las experiencias traumáticas: los nudos y los cortes.

Por su parte, alrededor de 1950, el psiquiatra británico Donald W.
Winnicott desarrolló el concepto de los espacios transicionales, una zona intermedia del funcionamiento mental en donde coexisten la lógica y la intuición.

Winnicott describe también un pensamiento que no se despliega dentro de la mente sino entre el ser y lo que le llega de afuera. Un sistema de enlaces de propagación infinita y combinatorias ilimitadas donde la comunicación fluye entre lo interno y la exterioridad, y la conciencia se expande.

Es allí donde comienza a perfilarse en el psicoanálisis el paradigma de
la red, y esta perspectiva resultará precursora de los cambios en los paradigmas de otras disciplinas, en los que cada vez más se reconocerá la trama de implicaciones e intrincaciones entre las personas y el mundo que las rodea.


EL PENSAMIENTO COMPLEJO DE EDGAR MORIN


Una doctrina que obedece a un modelo mecanicista y
determinista para considerar al mundo no es racional sino
racionalizadora. Un racionalismo que ignora los seres,
la subjetividad, la afectividad, la vida, es irracional.
Debemos comprender que en la búsqueda de la verdad,
las actividades autoobservadoras deben ser
inseparables de las observadoras”.
Edgar Morin
Los siete saberes necesarios para la educación del futuro


Uno de los aportes más significativos a las formas no lineales de conocimiento es el del epistemólogo francés Edgar Morin, con su concepto de Pensamiento Complejo como alternativa a las mutilaciones que caracterizaron al pensamiento científico clásico, y aún caracterizan al pensamiento lineal.

El concepto de Pensamiento Complejo reconoce lazos y relaciones de implicación y retroalimentación con lo distante y lo diferente, el futuro y lo inmediato, y toma en cuenta el azar.

Este modelo aspira a un conocimiento multidimensional, que sin embargo no pretende abarcarlo ni integrarlo todo, ya que lleva implícitas la incompletud y la incertidumbre inherentes tanto a los fenómenos en sí como a los alcances de la comprensión humana. A lo largo de su obra, Morin nos alerta acerca de los riesgos de la simplificación, la generalización, el reduccionismo y la disociación, todas formas de la ceguera, el prejuicio y la desintegración.

Para Morin, en un sistema complejo coexisten el orden y el desorden, no como opuestos o contradictorios, sino como complementarios. Y cada elemento es, a la vez, causa y consecuencia de los otros.


RACIONALIDAD, IRRACIONALIDAD Y LA
ECONOMÍA DE LA FELICIDAD


“Durante muchas generaciones, los ejecutivos norteamericanos han
admirado y premiado a los que analizan las cuestiones componente
por componente: el planteo atomista. Este enfoque está cambiando.
A medida que la era de la información y la globalización adquiere un
ímpetu creciente, los dirigentes del mundo empresarial se están
viendo forzados a calibrar e integrar un número cada vez mayor
de factores para tomar sus decisiones. Algunos consultores han
empezado incluso a recomendar ciertos métodos para evitar el
pensamiento lineal y adquirir una perspectiva holística”.
Helen Fisher
El primer sexo


En los últimos treinta años, han aparecido diversos autores que nos alertan acerca de los riesgos de una concepción lineal de la inteligencia.
Para nombrar solo a algunos: J. Guilford y el pensamiento divergente,
Edward De Bono y el pensamiento lateral, Howard Gardner y las inteligencias múltiples, Daniel Goleman y la inteligencia emocional.

El Pensamiento en Red incorpora además nuevos aportes de la psicología, las neurociencias y la teoría de redes. Surge de, y a la vez promueve, la disolución de las fronteras entre los diferentes campos del saber. Hoy reconocemos que la verdadera expansión del conocimiento se encuentra en la transdisciplina.

A modo de ejemplo, cada vez más economistas trabajan codo a codo con sociólogos, antropólogos y psicólogos. Ya no es posible pensar la economía en parámetros puramente numéricos, y cada vez entendemos más y mejor cómo las corrientes económicas están regidas en gran parte por la ilusión, los valores culturales, los deseos y aspiraciones secretos.

En su libro La economía de lo insólito, el economista y periodista
Sebastián Campanario desarrolla el tema de las nuevas investigaciones
que configuran las corrientes económicas actuales, y afirma: “la reciente revolución incorpora una mayor riqueza de enfoques, porque está basada, en buena medida, en los aportes de otras ciencias, como la psicología, la neurobiología o la física; algo que está provocando que intelectuales de formación académica muy distinta, y hasta formas de razonar radicalmente diferentes, interactúen y produzcan estudios multidisciplinarios cuyas conclusiones tienen una riqueza que hace mucho tiempo no se veía…”.

El psicólogo israelí Daniel Kahneman, experto en economía del comportamiento, ganó el premio Nobel de Economía en 2002. Entre otras cosas, fue distinguido por haber integrado hallazgos de la psicología a las ciencias económicas en el área del juicio y la capacidad de tomar decisiones en condiciones inciertas.

Su tesis es que las motivaciones para decidir son complejas e involucran a toda la personalidad. Además de los datos objetivos, entran en juego una cantidad de impulsos aparentemente irracionales.

En realidad, no se trata de irracionalidad: las respuestas o reacciones no siguen la lógica lineal, sino que están influidas por tendencias y emociones complejas, que no son conscientes.


En esta misma línea trabaja el analista financiero James Montier, del banco Dresdner Kleinwort Wasserstein, quien habla de la “economía de la felicidad” para demostrar que gran parte de las decisiones de los inversores no se basan en un concepto utilitario signado por los números, sino en la búsqueda de satisfacer sueños, deseos y necesidades emocionales. Y afirma también que en la elección de inversiones que generan mayor felicidad aparecen una serie de beneficios agregados: mayor creatividad, mejores vínculos afectivos y sociales, y un sistema inmunológico más activo que protege contra las enfermedades.

Capítulo 8, extraído del libro: "Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos". Dra Sonia Abadi

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