lunes, 16 de mayo de 2016

Del estímulo a la inspiración




Percibir en red transforma los  estímulos
en fuente de inspiración y el azar en oportunidad.


ENTRE LA CIENCIA Y EL ARTE


En los grandes genios de todas las épocas, la fusión entre lo científico y lo artístico, lo racional y lo intuitivo, ha sido una característica de su original modo de pensar.

Albert Einstein cuenta que se inspiró en Mozart para desarrollar su Teoría de la Relatividad. A su vez, imagina una hipótesis acerca de las fuentes de inspiración del propio Mozart. “Beethoven construyó su música –sostenía Einstein–; Mozart, en cambio, la tomó del universo, donde estaba desde siempre esperando que alguien la encontrara”.

Es claro que la hipótesis de Einstein sugiere que Mozart creaba a partir de una intensa conexión con las fuentes universales que, como lo describen muchos artistas, fluían a través de él.

Alejo, músico, refutador de leyendas y fanático del fútbol, también habla de Mozart, pero como inspirador del buen fútbol en la figura del director técnico catalán Pep Guardiola. Así, alucina un encuentro atemporal entre Mozart y Guardiola, en algún lugar del universo.

Nos cuenta que Mozart incorpora a su música la estructura del rondó, una forma musical basada en la repetición de un tema que reaparece y se alterna con diferentes temas intermedios, llamados couplets, episodios o contrastes.
¿Qué aporta esto a una composición? Una estructura que da forma a una danza en la cual intervienen y dialogan varios participantes, donde hay plan de ejecución pero hay también frescura y espontaneidad. En ella se activan diversas conexiones, estadíos y episodios. Y debe haber siempre un nodo que actúe de conector o hub entre los variados episodios.
Alejo sugiere que Guardiola debe su éxito y sus logros profesionales a que pertenece intuitivamente al mismo paradigma que Mozart al componer sus rondós. Y juega con la idea de una estructura musical de hace 400 años aplicada a la actual “pasión de multitudes”.                                                                               
Y sostiene esta afinidad: sus equipos no juegan al fútbol, sino que bailan rondó! No tienen líneas tácticas diferenciadas sobre el campo de juego, no abusan de jugadas “preparadas”, no tiran centros al área. Nunca salen con pelotazos desde el fondo ni construyen un plan elaborado con detalle militar.
Todo lo contrario. Los jugadores se disponen en estructuras circulares, con altísima rotación y dinámica, con múltiples conexiones y organizados a partir de un conector que facilita el tránsito entre episodios, y asegura que el espacio se abra para la estocada imprevista. En un breve instante el equipo hace la pausa y queda suspendido en atención flotante… hasta el momento en que todo confabula a favor y sale el pase en profundidad, lineal, letal, hacia el gol inevitable…
Será por eso entonces, sugiere Alejo, que cuando ganan los equipos de Pep, en aquel lugar del Universo que no es lugar y donde no existe el tiempo, Mozart sonríe…Se oye el fluir de su música, que ya existía antes de ser escrita y a la cual él solo organizó en estructura de rondó, una más de las múltiples formas que toman las redes vivas.
La gente creativa es capaz de extrapolar conocimientos de un área de experiencia a otra, integrando datos de diferentes campos, llegando a deducciones originales y generando un crecimiento estructural tanto de sus proyectos como de ellos mismos.



UTILIZANDO LOS ESTÍMULOS COMO
FUENTE DE INSPIRACIÓN


Si la actividad del Pensamiento en Red hacia el mundo es la atención flotante, es también el campo de la inspiración.

Al contrario, en estado de atención focalizada, los estímulos son percibidos como amenazas que incitan a una reacción defensiva, cerrando la red del pensamiento, o consolidando excesivamente las fronteras del sí mismo.

¿Qué pasa cuando percibimos en forma lineal y cuando percibimos en  red?

En forma lineal, funcionamos según el principio de acción-reacción,
“contraatacando” a un estímulo con una única respuesta, que se expresa sobre el mismo eje y en dirección contraria. En red, esos mismos estímulos se difunden como fuentes de inspiración por la trama de nuestras ideas, conectándolas de diversos modos y generando otras nuevas.

Gráficamente, el estímulo cierra más la trama; la inspiración abre la red y la hace crecer.

Claro que hay experiencias más inspiradoras que otras, y también personas más inspiradoras, en tanto que otras nos “acribillan” de estímulos que reclaman reacciones lineales e inmediatas.

Lo notable es que, en gran parte, somos nosotros los que decidimos, según el estado mental en que los recibimos, si nos dejamos inspirar o si nos sometemos al bombardeo de exigencias.


Estímulo

Inspiración

Es superficial, genera reacción

Favorece la conectividad y
produce transformaciones

Es de corto alcance, se
agota rápidamente

Es inagotable y expansiva

Produce tensión, cierra la trama
del pensamiento
Genera relajación y apertura

Satura la percepción e impide
percibir nuevos estímulos

Potencia la comunicación
y el aprendizaje

Activa las ondas cerebrales beta * e
interrumpe la atención flotante
Activa las ondas cerebrales
alfa * y la imaginación



Claro que siempre aparece la pregunta “¿Cómo atreverse a abrir la red cuando percibimos una amenaza?”. Quizá la respuesta sea que las reacciones lineales fueron defensas adecuadas para los peligros de la Edad Media, como lo eran las ciudades amuralladas. En el mundo en  red, las fronteras han desaparecido y las amenazas se presentan de otros modos; en este nuevo teatro de operaciones, lo menos riesgoso es activar el “radar” para percibir las tendencias, y solo reaccionar en forma lineal cuando se detecta un ataque concreto.


APRENDIENDO A INSPIRARNOS


“En el pensamiento científico, siempre están presentes
elementos de poesía. La ciencia y la música actual exigen
de un proceso de pensamiento homogéneo”.
Albert Einstein


¿Y de dónde vienen las mejores fuentes de inspiración? De la naturaleza, la música, la buena literatura y la poesía, las artes visuales, la conversación, el aprendizaje de algo nuevo. Si bien estas fuentes son comunes a todos, cada uno deberá encontrar las propias, que tienen que ver con su personalidad, su historia y sus intereses.

Al aparecer la inspiración, las ideas evocadoras resuenan con lo que ya sabíamos, y lo que se incorpora es lo que se ha creado en la zona de transición entre nuestro pensamiento y el de los otros.

En un segundo tiempo, suele aparecer un ordenamiento activo y productivo de las ideas, que son trasladadas a un contexto de pensamiento formal, viable para ser utilizadas en el emprendimiento de proyectos reales. Podemos así crear y realizar, soñar y concretar.

Pero, además, lo aprendido en atención flotante transforma la estructura, en tanto que en atención focalizada solo se incrementan los contenidos.


NAVEGANDO A LA DERIVA


Cuando iniciamos un nuevo proyecto, el proceso creativo es a veces una búsqueda donde parece no pasar nada nuevo. En ese período nos familiarizamos con el tema e instalamos el campo de la red para capturar y reconocer lo nuevo. Nuestra mente se está preparando para recibir las respuestas. Luego sucede algo, a veces esperado y otras inesperado, que aparentemente no tiene nada que ver con el tema que nos ocupa, pero que nos resulta revelador.

A partir de allí, se inicia una experiencia expansiva de transformación de la perspectiva sobre esos y otros hechos, y sobre la mente y las emociones del investigador, que crece y madura creativamente.

A veces, cuesta reconocer desde el inicio el sentido o el valor potencial de un hallazgo. Por la censura del pensamiento lógico, por el temor a cuestionar los conocimientos convencionales, por el miedo a transgredir la autoridad de los maestros o jefes. Pero también porque están faltando nuevas revelaciones que podrán llegar un poco más adelante.

Por eso, apenas una idea nos parece interesante, se trata de dejarla flotando en la red, sin descartarla, para que trabaje con las propias ideas y esté disponible para conectarse con nuevas fuentes de inspiración, a la espera de más sincronicidades.

Lo más sorprendente es que la experiencia reveladora suele producirse en un momento en que uno se aleja, o se “distrae” del problema, explora en otros lados, navega a la deriva, deja el recorrido lógico lineal y activa la red.


EXPONERSE AL AZAR


Cuando nos focalizamos en una búsqueda específica, la red se tensa demasiado y perdemos la disponibilidad; las valencias de las ideas propias dejan de estar libres para percibir y acoger lo que nos llega de afuera.

Por el contrario, si la red está demasiado laxa, nos hallamos desconectados y quedamos esperando pasivamente a que algo aparezca, y los recursos propios, al no nutrirse del afuera, se agotan rápidamente.

Para revisar periódicamente los bloqueos, necesitamos exponernos al azar, divagar, improvisar. Sumergirse en atención flotante en un medio rico en imágenes, sonidos, colores, olores, ideas, algo así como recorrer un bazar.

Solo hace falta asegurarse algún método personal para capturar lo que surge en esos momentos: un anotador o un grabador.

Además, este es un entrenamiento para el ingenio, esa forma repentina e improvisada de la creatividad que aparece en situaciones de emergencia o de escasez de recursos.

La activación del ingenio aumenta la autoestima y decanta como estructura de la personalidad, ya que si bien la capacidad de crear se apoya en los conocimientos y la experiencia, también necesita de la audacia, del salto del pensamiento, con la confianza de que no es un salto al vacío, sino que la red está siempre allí.


ABRIENDO LA RED


Cuando circulamos por lugares que ofrecen estímulos variados, nos exponemos a la inspiración. Estas “distracciones” son las que nos hacen estar menos concentrados y más abiertos a la sincronicidad.

Algunos creativos cuentan que las mejores ideas se les ocurren caminando, manejando y hasta en la ducha. En esos estados, la mente fluye, se abre y se expande, los enlaces evidentes se aflojan y surge la posibilidad de conectar los datos de nuevos modos.

Viviana, una excelente fisioterapeuta, refiere que descubrió que funciona en red cuando realiza un masaje de relax a un paciente. Ella lo describe así: “Intento conectarme con el cuerpo de la persona de modo de ir sintiendo sus nudos musculares, y poco a poco los voy trabajando hasta aflojarlos. Lo sorprendente es que en ese proceso mi mente también se desanuda y se me ocurren cantidades de ideas y proyectos, y hasta se me aclaran conexiones entre hechos de mi vida personal. Y sin embargo no siento que me esté distrayendo de atender al otro, al contrario, siento que lo ayudo mejor y a la vez evoluciono mientras lo hago”.

¿Cómo lograr el estado de red? En una desactivación intencional de la atención focalizada, los preconceptos y los nudos. Buscando el espacio- tiempo para funcionar conectivamente. Algo así como un baño de inmersión para la mente.

Si no lo hacemos así, el Pensamiento en Red es silenciado y sofocado por la dureza del pensamiento lógico. Y solo aparece a la manera de flashes, de ocurrencias aisladas, porque no encuentra las condiciones para que las ideas se desplieguen y se sostengan durante el tiempo suficiente para concluir en una realización.


DE LA LETRA AL VINO, IDA Y VUELTA


Cuenta la historia que Johannes Gutenberg, el inventor de la imprenta, llevaba tiempo buscando un método para producir libros en serie.
Descendiente de una familia de grabadores de monedas, adaptó lo aprendido en su juventud para crear una plancha con caracteres metálicos móviles, con los que componía el texto. Esa plancha se entintaba, y luego se pasaban por ella las hojas de papel, presionándolas.

El método era revolucionario, aunque lento e imperfecto, porque se necesitaba ejercer una mayor presión sobre el papel. Un día, luego de varias ideas improductivas, saturado mentalmente y sin saber hacia dónde avanzar, Gutenberg fue a distraerse a la Fiesta de la Vendimia, que se realizaba en los alrededores de Estrasburgo, en el valle del Rhin.
Fue allí donde recibió el impacto que lo iluminó: la prensa para la uva.
Todo lo pensado, probado, descartado, más esa imagen, produjeron el milagro: ese sería el método para imprimir textos, que, a fines de 1400, revolucionó la civilización occidental.


UN VIAJE CREATIVO


Solemos usar los tiempos en tránsito y los trámites para impacientarnos, irritarnos y ponernos obsesivos y lineales. Algunos, un poco más sabios, aprendieron a utilizarlos para desconectarse y relajarse. Sin embargo, en ninguno de estos dos extremos aparecen las mejores ideas.

Ser creativo es aprovechar los tiempos muertos para explorar la propia mente a la vez que el espacio que nos rodea y hacerlos jugar en busca de inspiración.

La mente creativa está activa sin necesidad de esfuerzo, hasta durante el sueño. Y lo mejor es que esa actividad no agota, sino que recicla la energía y el buen humor.

Existen personas adictas a los estímulos que entran en pánico ante la tranquilidad, casi como si no pudieran soñar. También hay artistas talentosos que sienten cualquier presencia como una interrupción desorganizadora y no pueden incorporarla al mundo de sus ideas. Casi como si estuvieran soñando y los despertaran con violencia.

Sin embargo, el estado ideal para la creatividad aparece en el espacio intermedio de experiencia en que nos conectamos a la vez hacia adentro y hacia afuera.

De este modo, hasta los viajes de trabajo pueden transformarse en viajes iniciáticos. Una feria, un congreso, una convención pueden ser bazares de oportunidades y alimento para la red, tanto para relacionarse como para inspirarse. Y lo encontrado supera la networking, esa estrategia de establecer contactos intencionales, dirigidos a obtener resultados concretos.

¿Por qué? Porque siempre la red tiene mucho más para ofrecer que lo que estamos buscando. Encuentros inesperados, coincidencias imprevistas, hallazgos sorprendentes. Y sigue activa para generar ideas y vínculos que podrán derivar en nuevos horizontes humanos y profesionales.


INTERNET Y EL PENSAMIENTO EN RED


Alguna vez las armas mecánicas, y más adelante las más sofisticadas, permitieron igualar la fuerza física de los hombres. Ya no hizo falta desarrollar la musculatura, sino solo apretar un botón. Y lo mismo pasó con las herramientas de trabajo.

Hoy estamos asistiendo a una sorprendente convergencia tecnológica y cultural. Por primera vez en la historia, la capacidad mental descomunal y la conectividad infinita de los grandes genios están a disposición de cualquiera. Una herramienta que extiende los límites del cerebro y el pensamiento se encuentra a nuestra disposición: Internet, esa red virtual creada en su origen para conectar a los investigadores de todas las universidades y compartir sus descubrimientos.

En esta fuente abrumadora de estímulos o manantial de inspiración, los curiosos podrán espiar mundos hasta entonces desconocidos y los intuitivos solo tendrán que seguir su instinto para recorrerla.

Allí está todo disponible y al alcance de todos. Pero es además la oportunidad para las mentes creativas de cruzar los datos a su manera, y muy especialmente de encontrar otras mentes sabias, abiertas e innovadoras.

La red virtual facilita la desactivación de los prejuicios, ya que conecta a personas por fuera de su círculo social y profesional más próximo.
Es un mundo sin límites ni fronteras, donde se juega la capacidad de activar la empatía hacia otros seres fuera de los propios horizontes.



Capítulo 4, extraído del libro: "Pensamiento en Red. Conectando ideas, personas y proyectos". Dra Sonia Abadi

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