viernes, 9 de enero de 2015

SER, HACER, TENER Y LOS CAMINOS DEL ÉXITO

Cuando estamos integrados y no fragmentados en diferentes roles, hay una continuidad entre lo que somos y lo que hacemos, y el hacer deriva naturalmente del Ser. En esos estados, todo lo que hacemos nos hace crecer como personas totales.

Por el contrario, cuando hacemos compulsivamente como forma de huir de nosotros mismos o de demostrar lo que no somos, nos vamos empobreciendo y perdiendo el sentido de realidad de nuestra vida.

La persona integrada se siente libre, autónoma, responsable y confiada en su capacidad de aportar algo al mundo que lo rodea. En cambio, cuando representamos un rol, nos sentimos a la vez vulnerables y prisioneros.

El adulto sano es capaz de hacerse cargo de sus pensamientos, actos y decisiones, de reconocer sus logros y de aceptar las consecuencias de sus errores y fracasos, sin necesidad de depositar en los otros sus aspectos idealizados o desvalorizados. También dispone de la capacidad de jugar y el humor como espacio mental y verbal en que la persona se siente libre y es capaz de transmitir esa libertad a los que lo rodean.

A su vez, el Ser integrado también se relaciona de un modo especial con el tener. Cuando la autoestima se sostiene en variadas fuentes de su propia historia, saberes y experiencias, los logros no son simples disfraces, títulos o trofeos, sino auténticos derivados de la persona total. El éxito vacío, en cambio, como un globo inflado, es siempre angustiante, ya que nos hace sentir amenazados ante la menor crítica o error.

Existen muchos momentos en la vida en que recortamos alguna faceta de nuestra personalidad en busca de un objetivo lineal. El machismo de los varoncitos de diez años, por ejemplo, proviene de la necesidad de remarcar los rasgos varoniles con el fin de asegurarse una identidad masculina. Se burlan de las nenas y si tocan una muñeca, lo hacen con evidente desprecio o como si tuvieran miedo de contagiarse de algo. Pero luego de la adolescencia, su masculinidad solo será completa si logran reincorporar aquellos aspectos de los que renegaron. Eso los hará mejores amantes y padres. Pero también más sensibles, creativos y empáticos.

Del mismo modo, a veces renunciamos a nuestra parte más informal o bohemia para asumir un trabajo de gran responsabilidad y exigencia. Y, al pasar el tiempo, descubrimos que estamos atascados, sin poder seguir avanzando en nuestro desarrollo, justamente porque nos faltan la fantasía, la informalidad, la libertad de improvisar. La pauta de fragmentación nos aleja de nuestros recursos genuinos.

A lo largo del crecimiento laboral, muchos renuncian o hasta reniegan de sus talentos originarios y habilidades no convencionales. Luego, no entendemos por qué se sienten sin energía, pasión o recursos. Sus jefes buscan incentivarlos con estímulos, premios y castigos, cursos de motivación, sin resultados positivos.

La madurez solo es posible cuando volvemos a integrar esas facetas descartadas, reabriendo los canales clausurados, recuperando lo que se pierde en la formación especializada, los talentos ocultos o acallados, las raíces familiares y culturales de cada uno.

En Red, nuestros soportes son múltiples y variados. Y cuanta más Red tenemos, más seguros y confiados nos movemos. Y el sentimiento de continuidad, de seguir siendo quienes somos, nos permite relajarnos y cambiar.

Libro: "Pensamiento en Red"

• Apple iBookstore: https://itunes.apple.com/…/…/pensamiento-en-red/id765713786…
• KoboBooks: http://www.kobobooks.com/…/book-hx6RQDb6lEiH1VFh…/page1.html


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