jueves, 9 de octubre de 2014

LAS PROHIBICIONES O LA ESCLEROSIS DE LA RED



En los nudos se instala tanto lo que nos parece idealmente inalcanzable como lo que consideramos censurable. Los anudamientos en la Red tienen su origen en diferentes asociaciones de ideas, facilitadas por interdicciones familiares o culturales. Entre las más habituales, podemos ubicar la de la edad. ¿Cuántas veces hemos escuchado: “Todavía es muy joven” o “Esto ya no es para mí”?

También existen prohibiciones de orden social: “Alguien como yo no puede darse estos lujos”. O “Esto es cosa de hombres”, o “Una mujer no debe…”.

Estos anudamientos suelen reactivarse ante desafíos concretos. Por ejemplo, ante la propuesta de realizar una nueva actividad creativa, se suelen argumentar limitaciones de dinero, obligaciones familiares y laborales, y siempre falta de tiempo.

¿Por qué hablamos de esclerosis de la Red? “Esclerosis” quiere decir
“endurecimiento”, “pérdida de la flexibilidad”. Estamos acostumbrados a oír este término en la enfermedad del sistema circulatorio llamada arteriosclerosis, que quiere decir, justamente, “endurecimiento de las arterias”.

Lo curioso es que este mecanismo fisiológico tiene un notable parecido con la enfermedad de la Red. Imaginen, por una parte, a las arterias como una gran Red que hace circular la sangre por todo el cuerpo y, por otra parte, el tan nombrado colesterol, que es una sustancia que se deposita en la pared interna de las arterias en forma de pequeños cristales, como la sal o la arena, y que tiene la característica de los cristales: poseer filosas aristas. A su vez, la sangre contiene gran cantidad de glóbulos rojos que transportan el oxígeno a todo el organismo y son como pequeños globitos con una fina membrana.

Cuando la sangre pasa por encima de las placas de colesterol, los glóbulos rojos se lastiman con los filosos cristales y su fina piel, ya vacía, se irá depositando sobre las placas, colaborando en engrosar y rigidizar las arterias, estrechando su luz.

Algo muy semejante sucede con los nudos en la Red. Estos irán atrapando y sedimentando sobre ellos las nuevas experiencias, en vez de facilitar la circulación de las ideas. Esto produce una rigidez de la Red, que comienza a estrechar su trama.

A la larga, estaremos cada vez más convencidos de lo que ya suponíamos, y esa convicción vuelve a atraer hacia sí todas las experiencias afines. Y si no lo son, la mente esclerosada decidirá de todos modos: es siempre lo mismo, o nunca podrá ser diferente. Y el oxígeno, que en este caso está representado por la energía creativa y renovadora, ya no llega a difundirse por la Red.

 



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