jueves, 15 de septiembre de 2016

La creatividad del líder en red

Sabemos que la creatividad del artista puede aparecer en soledad y aislamiento, buscando momentos de quietud o estados contemplativos.
La creatividad de los realizadores se desarrolla en movimiento, en relación con los otros y la realidad.
Ese espacio puede ser el equipo de trabajo, entrenado para conectarse de modo que fluyan la intuición, la empatía, la fecundación de ideas.
Pero también, por fuera de su propio equipo, el líder en red se pone en sintonía con el entorno, creando un equipo ampliado con cada persona que encuentra, que dialoga y colabora con sus ideas. Los otros, las cosas, los hechos cotidianos pasan a ser así sus socios creativos.
Al mismo tiempo, el trabajo con su propia persona lo pone en contacto con el equipo interno de sus diferentes personajes. Estos también funcionan en red, permitiendo que surjan ocurrencias entre el explorador y el censor, el aspecto femenino y el masculino, el niño y el sabio. Así, los personajes internos son convocados e interactúan con las personas, ideas y elementos de la realidad.
Cuando se llega a la categoría de experto, se han integrado los talentos, la experiencia y la capacidad de usar la intuición, para entender en un instante lo que está sucediendo.
Ese es el momento en que el líder debe cambiar su visión y su modo de trabajar. Revisar sus ideas preconcebidas acerca del esfuerzo como único valor, examinando aquellas aptitudes lineales de las que estuvo tan orgulloso y ver si no son anacrónicas o contraproducentes para mantener una visión en red. Y estar satisfecho de lograr algo con poco esfuerzo, o en menos tiempo, gracias al talento que maduró con la experiencia.
Es el momento de dejar de arremangarse, de remar, y colocar sólo el toque justo de maestría. Este suele ser un momento crítico, ya que aparecen la culpa por trabajar menos o el miedo de que los otros los consideren haraganes e improductivos. Sin embargo, la expertise no se mide en horas de trabajo, y el ascenso a la categoría de experto no tiene nada que ver con el sueldo, ni siquiera estrictamente con el cargo.
Esto no quiere decir que el líder deba abandonar a su gente, ni desentenderse de los proyectos; al contrario, su mente y su tiempo deben estar libres para acoger, contener y procesar lo que el equipo genera. También para desanudar los conflictos y reencauzar la energía productiva.
Por otra parte, al estar inmerso en el fluir de la organización, el líder registra las necesidades que van apareciendo. Su atención flotante complementa y amplía su atención focalizada. No necesita observar cada detalle, ya que ve lo que otros no ven, sin necesidad de espiar a nadie, ni pedir informes detallados de cada procedimiento. Y su gente le acerca naturalmente la información que necesita.

Dra. Sonia Abadi – Médica, psicoanalista e investigadora en innovación y redes humanashttp://emprendedoresnews.com/liderazgo/opinion-la-creatividad-del-lider-en-red.html

viernes, 12 de agosto de 2016

Pensamiento en Red y Ramón Llull, algunas sincronicidades.

Hace más de diez años desarrollé un concepto innovador, con un modelo transdiscipilnario que integraba nuevos conocimientos de neurociencia, teoría del pensamiento, comunicación y ciencia de las redes vivas. Llamé a este modelo Pensamiento en Red y comencé a compartirlo y enseñarlo en diferentes ámbitos. Mis discípulos empresarios me sugirieron registrar la marca y el modelo de capacitación, y así lo hice. Usando el poder de las redes tecnológicas, le pedí al Google Alerts que me informara cada vez que los términos Pensamiento en Red o Pensar en Red fueran nombrados en algún lugar de la gran red. Durante todos estos años me llegaban con frecuencia avisos de charlas, cursos y publicaciones, pero siempre ligados a mi nombre y a alguna actividad mía o a lo que otros decían de ella.
Hoy ya no me hace sentido tener una marca registrada y de hecho ya no me interesa renovarla, sin embargo el concepto ha recorrido su propio camino. En el último año me voy encontrando, gracias a la gentileza de Google Alerts, con que en distintos lugares de habla hispana se ha comenzado a hablar de Pensamiento en Red, y esta vez ligado a otros nombres y ámbitos, a veces totalmente ajenos y otras muy cercanos a mi trabajo.
Hace poco más de un mes me encuentro con que la revista La Vanguardia de Barcelona dedica un artículo a una gran muestra cultural acerca del filósofo, escritor y teólogo  Ramón Llull (1233-1315). El título de la nota: “Ramón Llull, inspirador de la combinatoria y el pensamiento en red”.
Allí me puse a explorar la trayectoria de este original pensador y me encontré que tanto prestigiosos académicos como irreverentes blogueros buceaban en los misterios y paradojas de este polémico y extraordinario innovador.
De beato a hereje, de prócer pretérito a santo patrono de los informáticos,  diversos aciertos y errores se le adjudican.
Sin embargo de un modo aún primitivo utilizaba la combinatoria para demostrar el potencial de la múltiple y expansiva conectividad.
Para mi sorpresa a pesar de las muchas diferencias, entre ellas mi laicidad y 700 años de historia, encontré notables afinidades y sintonías con mi modelo.
Amador Vega Esquerra, catedrático de Estética del Departamento de Humanidades de la UPF y curador de la muestra, afirma que Ramón Llull sostenía que todos los saberes están en red.
La muestra, inaugurada  en Barcelona, se podrá visitar en el Centro de Cultura Contemporánea hasta el 11 de diciembre de este año. Constará de talleres y conferencias ligados a las artes plásticas, música y matemáticas que recorren la diversidad y riqueza de este pensador mallorquí  y otros artistas y pensadores influidos por él. En esta muestra se explora el impacto del pensamiento de Llull en las artes, la literatura, la ciencia y la tecnología.
Lali Barrière matemática, experta en informática y artista, profesora de la  Universidad Pontificia de Cataluña, que dictará un taller durante la muestra, comenta que las aportaciones de LLull inspiraron el Ars Combinatoria de Leibniz, y describe a Llull como un personaje  interesante, curioso y estrafalario que hizo aportes muy potentes dentro de sus limitaciones, ya que plantea cosas que se desarrollaron siglos después.
Recomiendo acercarse a los que estén en zona y haré todo lo posible por darme una vuelta por Barcelona y la muestra, en busca de las raíces de una parte de nuestro pasado intelectual y tecnológico.
Dra. Sonia Abadi


miércoles, 3 de agosto de 2016

Cuando la locura infiltra a la organización

Artículo publicado en www.elpuntodeequilibrio,com 5-7-2016: http://www.elpuntodeequilibrio.com/Articulo/Vista/Cuando+la+locura+infiltra+a+la+organizacion

Hoy, en el ámbito del trabajo, se ha comenzado a reconocer y denunciar el mobbing o acoso laboral, y generalmente se atribuye esta actitud a los superiores jerárquicos que abusan del poder que les confiere su cargo, maltratando, humillando y enloqueciendo a su gente.

Sin embargo, en las personas y organizaciones existen fuerzas de destrucción que pueden estar encarnadas en cualquiera. Una de estas fuerzas es la que hemos llamado función enloquecedora.
Enloquecedor puede ser un compañero de trabajo, un jefe o alguien de carácter autoritario o seductor. Desde el CEO hasta la secretaria, cualquier miembro de un grupo puede encarnar la función enloquecedora, o ser víctima de ella.

El enloquecedor en acción opera a la manera de un depredador y se especializa en destruir las conexiones, tanto de las ideas como de la colaboración creativa en los equipos. Y en los casos más graves, puede contaminar a toda la organización.

Sin embargo, por cuestiones de personalidad, existen enloquecedores profesionales. De más está decir que son peligrosos y que conviene detectarlos y neutralizar su poder de disgregación.

En algunas situaciones se hace necesario cortarles la conexión con el equipo; o, en el peor de los casos, cuando es uno mismo el atrapado en la tela de araña del enloquecedor, sólo queda la opción de cortar el lazo y huir.

Claro que, si uno necesita el trabajo, el costo es alto. Pero la pérdida de autoestima, energía y oportunidades que genera este enemigo es tan elevada que quedarse en esas condiciones es una derrota segura. Con el agregado de que la víctima habrá perdido no sólo su tiempo sino también su salud, y con ello las posibilidades de conseguir un nuevo trabajo.

Este  acoso produce no sólo enfermedades físicas o psicológicas, sino también deterioro en los vínculos familiares y afectivos, y hasta marginación social.

Y cada actitud del que ejerce la función enloquecedora tiene un efecto preciso en las reacciones de los otros y en el colapso de la red.

La función enloquecedora
Los efectos sobre el otro
Relativiza y minimiza las
necesidades de los otros;
justifica y agranda las propias
Relega sus necesidades y
proyectos
Genera una alternancia entre agresividad y desaliento. Es  temperamental e irracional
Intenta leer la mente de su enloquecedor y anticiparse a sus deseos para evitar su enojo
Crea un clima de
emergencia constante

Solamente puede pensar en la supervivencia a corto plazo, alejándose de considerar planes de largo alcance
Necesita reglas especiales. Pide condiciones inéditas.
Sus propios sentimientos e ideas se convierten en insignificantes
Acapara la atención con
demandas triviales
Pierde la perspectiva acerca de lo
realmente importante
Distrae con propuestas atractivas,
regalos, beneficios especiales
Se excita y dispersa su energía,
relegando nuevamente sus objetivos
Usa a terceros, lleva y trae información que genera inquietud y dudas 
Se ve inmerso en un clima de
desconfianza y temor con respecto a los miembros del equipo
Usa el caos, el desorden y la
desinformación como fuentes de poder
Está sometido a la expectativa de
recibir la información que necesita
Descalifica o actúa con indiferencia
Depende de cualquier halago o signo de reconocimiento del enloquecedor.
Critica a los otros por sus sentimientos de desaliento, mientras se jacta de tener los suyos bajo control
Debe reprimir sus temores, pena o rabia, para no ser tratado de irracional o emotivo

El enloquecimiento crónico crea un estado de debilitamiento e impotencia. Las personas y los equipos de trabajo sometidos a estas técnicas de manipulación quedan agotados por la tensión.
Este estado de cosas consume la energía creativa y productiva, que se emplea en los intentos de contrarrestar la función enloquecedora. Se pierden la capacidad de evaluar adecuadamente los propios recursos y la convicción acerca del propio criterio.

Estas condiciones de trabajo multiplican las posibilidades de cometer errores, con el riesgo para las personas y la organización. A su vez, los errores realimentan la autoridad del enloquecedor.
El profeta ahora afirma: “Yo ya sabía que esto iba a suceder”; “Esto es consecuencia de la ineptitud y la falta de criterio”.

El enloquecedor aparenta gran actividad y preocupación por motivar, pero en realidad destruye la red. Por eso es esencial diferenciar la actitud realmente motivadora e inspiradora, del acoso enloquecedor, que aniquila el pensamiento y la cooperación creativa.

jueves, 21 de julio de 2016

Soltar las redes

En esta columna, la psiquiatra Sonia Abadi sostiene que pasar mucho tiempo en Facebook o Twitter puede generarnos estados de ansiedad y desasosiego. Propone reemplazar la sobreexposición por cosas tan simples y tan genuinas como escuchar música, pintar o encontrarse con alguien para tomar un café.
En Estados Unidos se puso de moda, últimamente y sobre todo entre las celebrities, volver a los celulares con tapa. Quienes optan por usar teléfonos plegables, útiles solo para recibir llamadas y mensajes, dicen que el sentido es bajar el nivel de adicción a mirar la pantalla a cada instante y evitar la dependencia a la información y al contenido de las redes sociales.
No me sorprende. A veces mirar excesivamente Twitter me genera  la sensación de estar todo el tiempo quedándome afuera de algo. Twitter -tanto como pueden serlo otras redes como Facebook- es una vidriera donde la gente exhibe lo que piensa y lo que hace. En mi caso, estoy atenta a lo que postean personas que dan charlas y talleres,  viajan por trabajo, se reúnen con otras personas interesantes, reciben reconocimientos. Me gusta participar, aprender, opinar, compartir experiencias. Pero hay días, quién sabe por qué, en los que consumo sobredosis de redes sociales. Y la sensación que me queda al final del día es de cierto malestar.Pienso: “Me estoy perdiendo muchas cosas”, “Me estoy quedando atrás”,  “No estoy haciendo todo lo que tendría que hacer”. Típica resaca de este exceso de estímulos que no logro metabolizar.
La pantalla es, sin duda, un espacio exhibicionista de múltiples tentaciones que produce en el voyeur un estado de excitación permanente con sensación de desosiego, insatisfacción e inadecuación. Algo parecido sucede con las revistas que publican exclusivamente la vida del jet set y de la farándula: puras fotos que muestran gente bella realzando su cuerpo, su ropa, sus posesiones. La experiencia de consumir estos contenidos en cantidades desmesuradas suele ser una mezcla de curiosidad, fascinación y excitación que –casi siempre-culmina en desencanto, en la sensación de que una no es lo suficientemente linda, joven, importante o glamorosa para vivir en este mundo.
El exceso de estímulos exhibicionistas deja un sentimiento de insatisfacción e inseguridad que puede derivar en un estado depresivo y paralizante o en la ansiedad enloquecedora de tener que participar compulsivamente de todo, todo el tiempo.
Cosas tan simples y cotidianas como salir a caminar, escuchar música, leer un libro, cocinar, pintar o tomarse un cafecito y conversar con alguien “en vivo” son experiencias que, en cambio, nos enriquecen, nos hacen sentir más reales, creativos y productivos. Se puede estar en las redes un rato y sentirse estimulado por ser parte de algo más amplio que nos trasciende. Pero el exceso de la vida a través de la pantalla sólo nos deja solos y excluidos, como quien mira el mundo a través de una ventana.
Quizá haya que tomar la decisión a tiempo de dejar de ser un consumidor indiscriminado de las puestas en escena que montan las distintas pantallas a las que nos exponemos; de hacer consciente aquello que dejamos entrar a nuestro campo de atención a través de las redes, pero también de las revistas, la televisión o la radio, por caso. Y, si bien es inspirador y motivacional ver qué hacen otros, también es saludable dosificar ese tipo de aproximación. ¿Para qué? Para centrarnos más en lo que uno es, puede y hace. Para aprovechar mejor la energía y usarla en proyectos genuinos y productivos y, en vez de vivir en un mundo de fantasías frustrantes, construir realidades que alimenten nuestra vida.

miércoles, 6 de julio de 2016

Cuando la locura infiltra a la organización

Hoy, en el ámbito del trabajo, se ha comenzado a reconocer y denunciar el mobbing o acoso laboral, y generalmente se atribuye esta actitud a los superiores jerárquicos que abusan del poder que les confiere su cargo, maltratando, humillando y enloqueciendo a su gente.

Sin embargo, en las personas y organizaciones existen fuerzas de destrucción que pueden estar encarnadas en cualquiera. Una de estas fuerzas es la que hemos llamado función enloquecedora.
Enloquecedor puede ser un compañero de trabajo, un jefe o alguien de carácter autoritario o seductor. Desde el CEO hasta la secretaria, cualquier miembro de un grupo puede encarnar la función enloquecedora, o ser víctima de ella.

El enloquecedor en acción opera a la manera de un depredador y se especializa en destruir las conexiones, tanto de las ideas como de la colaboración creativa en los equipos. Y en los casos más graves, puede contaminar a toda la organización.

Sin embargo, por cuestiones de personalidad, existen enloquecedores profesionales. De más está decir que son peligrosos y que conviene detectarlos y neutralizar su poder de disgregación.

En algunas situaciones se hace necesario cortarles la conexión con el equipo; o, en el peor de los casos, cuando es uno mismo el atrapado en la tela de araña del enloquecedor, sólo queda la opción de cortar el lazo y huir.

Claro que, si uno necesita el trabajo, el costo es alto. Pero la pérdida de autoestima, energía y oportunidades que genera este enemigo es tan elevada que quedarse en esas condiciones es una derrota segura. Con el agregado de que la víctima habrá perdido no sólo su tiempo sino también su salud, y con ello las posibilidades de conseguir un nuevo trabajo.

Este  acoso produce no sólo enfermedades físicas o psicológicas, sino también deterioro en los vínculos familiares y afectivos, y hasta marginación social.

Y cada actitud del que ejerce la función enloquecedora tiene un efecto preciso en las reacciones de los otros y en el colapso de la red.

La función enloquecedora
Los efectos sobre el otro
Relativiza y minimiza las
necesidades de los otros;
justifica y agranda las propias
Relega sus necesidades y
proyectos
Genera una alternancia entre agresividad y desaliento. Es  temperamental e irracional
Intenta leer la mente de su enloquecedor y anticiparse a sus deseos para evitar su enojo
Crea un clima de
emergencia constante

Solamente puede pensar en la supervivencia a corto plazo, alejándose de considerar planes de largo alcance
Necesita reglas especiales. Pide condiciones inéditas.
Sus propios sentimientos e ideas se convierten en insignificantes
Acapara la atención con
demandas triviales
Pierde la perspectiva acerca de lo
realmente importante
Distrae con propuestas atractivas,
regalos, beneficios especiales
Se excita y dispersa su energía,
relegando nuevamente sus objetivos
Usa a terceros, lleva y trae información que genera inquietud y dudas 
Se ve inmerso en un clima de
desconfianza y temor con respecto a los miembros del equipo
Usa el caos, el desorden y la
desinformación como fuentes de poder
Está sometido a la expectativa de
recibir la información que necesita
Descalifica o actúa con indiferencia
Depende de cualquier halago o signo de reconocimiento del enloquecedor.
Critica a los otros por sus sentimientos de desaliento, mientras se jacta de tener los suyos bajo control
Debe reprimir sus temores, pena o rabia, para no ser tratado de irracional o emotivo

El enloquecimiento crónico crea un estado de debilitamiento e impotencia. Las personas y los equipos de trabajo sometidos a estas técnicas de manipulación quedan agotados por la tensión.
Este estado de cosas consume la energía creativa y productiva, que se emplea en los intentos de contrarrestar la función enloquecedora. Se pierden la capacidad de evaluar adecuadamente los propios recursos y la convicción acerca del propio criterio.

Estas condiciones de trabajo multiplican las posibilidades de cometer errores, con el riesgo para las personas y la organización. A su vez, los errores realimentan la autoridad del enloquecedor.
El profeta ahora afirma: “Yo ya sabía que esto iba a suceder”; “Esto es consecuencia de la ineptitud y la falta de criterio”.

El enloquecedor aparenta gran actividad y preocupación por motivar, pero en realidad destruye la red. Por eso es esencial diferenciar la actitud realmente motivadora e inspiradora, del acoso enloquecedor, que aniquila el pensamiento y la cooperación creativa.

Artículo publicado en El Punto de Equilibrio 5/7/16
http://www.elpuntodeequilibrio.com/Articulo/Vista/Cuando+la+locura+infiltra+a+la+organizacion